domingo, 8 de enero de 2017

Sinsentidos


Sinsentido mediocre,  
Falta de ambición 
Absoluta indiferencia.  
"Siento haber matado 
A todo en lo que creías". 
Cuerpos restregándose en camas,  
Cuerpos, solo cuerpos.  
Cuerpos rígidos,  
Manos frías acariciando,  
Manos cansadas de contar dinero, acariciando.  
Camas deshechas,  
Sábanas blancas se dibujan negras.  
Y yo no sé cómo conciliar el sueño, 
No sé cómo paliar la depresión 
Que carcome mi sueño.  
Mi pecho es un desierto,  
Y mis ojos sólo un despojo de los ojos en los que te mirabas.  
Créeme,  
Que ni en mil siglos entenderías este poema 
Que envuelve mi tristeza más profunda y cruda; 
¿acaso tu lloras mis lágrimas? 
La pena más grande que tuve,  
Y eres tú. 
Y en las calles sólo gente con prisa,  
Buscando céntimos en las aceras,  
Yo alterando mi trayecto 
Para toparme contigo.  
En el círculo vicioso 
En el que he caído.  
Te prometo 
Que si entrases en mi mente querrías salir corriendo,  
Porque hay más odio 
Que amor propio corriendo por mis venas.  
Incluso a veces más sangre fuera que dentro.  
Si mi tristeza es la alegoría de que te hayas ido;  
Siento hacerme daño en tu nombre.  

lunes, 19 de diciembre de 2016

Los días contigo.

Qué bien verte cada mañana estirarte,
alcanzar con la punta de los dedos
la luz que desprendes.

Qué bonito aprenderte
a base de caerte encima,
de repetirme al escribir tu nombre tantísimas veces
de maneras tan distintas.

Qué sobresalto el de descubrirte
mirándome cuando no te he mirado todavía,
cuando ya has repasado cada uno de mis pliegues,
mis pestañas, mis cicatrices, mis heridas.

Qué espectáculo es despertarte
justo cuando empieza a levantarse el día.

Qué suerte cuando veo que me buscas
aun cuando acabas de comer(me),
cuando tienes hambre de mí
y solo te sacias al tenerme.

Qué triste, sin embargo,
cuando te alejas
dejándome ese vacío en el pecho
esa inquietud palpitante del lado izquierdo
que solo tú puedes hacer que cese.

Y, ¡de qué forma tan fantástica haces que cese!


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Sobriedad etílica.

Estar sin verte es echarse una soga al cuello,
y retener el grito en la garganta.
Es como vivir sin estar viviendo
en un estado volátil de felicidad momentánea.
Vivir en las nubes,
sin oxigenarme.
Prefiriendo ahogarme a pedirte que vuelvas,
que me destroces los brazos
al acercarme el pecho a tu alma
en un abrazo
de los que escapa el miedo.

Ojalá poder respirar al son de tu pensamiento.

No engaño a nadie diciendo
que no tenerte cerca
es el peor sueño
que merodea mi cabeza antes de soñarte.
Que huyo a la realidad onírica
de estar a milímetros de tu sonrisa
-que me llena tanto el alma que vuela-
a diez mil millas de cualquier resto humano
y fundiéndonos como el cobre y el estaño. 

Calor, locura
e instinto básico.

Nostálgico otoño
casi a las puertas del invierno.
Clásico y frenético empiece de lo poético.
Haces de tu vivencia algo necesario.
Haces de ti mismo un verbo.
Verso.
Beso.

No sé.

Me tienes loca, me has vuelto lírica.
En la etílica de tu boca
y de tus labios.
Métrica estética, milimétrica,
de tus lunares entre pecho y espalda.
Astrología carnívora.
Constelaciones de arañazos
y retazos de mis errores.

Vuelve y abrázame un rato,
o toda la vida.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Loba y pájaro.

Soy un alma enterrada en la libertad del precipicio.
Soy quien no atreviéndose a volar, jamás dejó de batir las alas
pensaba que dolería más el golpe.
Por eso cuando me lo di
ni siquiera quise contar cuántos huesos me quedaban
y cuántos de ellos podían volver a ser los de antes.
No me interesaba.
Porque nada de lo de antes iba a seguir dentro de mí.
Porque hasta la más difusa lágrima era dolor a gritos.
Los silencios eran tensos.
Y la mirada cortaba más que los cristales de los espejos
donde estaba reflejada.
Me quedé tumbada
con la espalda rota
y la sonrisa torcida, abierta a la mitad.
Con el corazón en una mano
y las manos en el vacío
de ese círculo que envicia
al que llaman soledad.
Me dormí sedienta de un poco más.
Me escondía de los instantes
y de los imposibles.
De los impostores.
Y me abrazaba al suelo
repitiéndome que no podía haber nada más abajo.
Por eso cuando me tiré al olvido en sueños
desperté rodeada de lobos.
Oliéndome y aprendiéndome,
siendo una de ellos.
Perdí la razón y gané en instintos.
Me hice más yo de lo que nunca había sido.
Me hice.
Volví a relamerme los labios
y a recordar los sabores de las bocas
cuando hace frío.
Buscaba abrigo entre mis pliegues
y viento en las pestañas.
Conocí a la tormenta que llevo dentro.
Y me gusté.
Tanto que aprovechaba mi reflejo para recrearme
en medio de toda esa agua helada.
No me criaron pero me enseñaron
a no levantar el hocico si no es para alimentarme.
Y tenía tanta hambre
que cuando apareciste
no sé cómo me contuve para no devorarte.
Yo que siempre fui una niña
que no levantaba un dedo por satisfacer la mano entera,
vi en ti la anatomía de quien busca y encuentra,
del narco traficando con sonrisas
de fiera.
Trapicheo del más sucio y pueril
de las ganas de cerrar la puerta de la cueva
y no salir.
Eres deseo a las 3 de la mañana
cuando no puedes dormir.
Eres grito
bien entendido.
Eres marea que cubre cintura baja
y bote salvavidas olvidado.
Barco a la deriva derivando.
Eres misiva en botella del náufrago que nunca quiso regresar a casa.
Eres hogar
e isla desierta.
Eres masturbarse lento y sin prisa.
Eres gemido en noche trémula,
y lluvia contra tus pupilas.
Contra todo y contra nada.
Contra la pared,
contra la cama.
Eres oficina cerrada en pleno día.
Eres horario de apertura de madrugada.
Eres sin control, eres rabia.
Eres líbido y labia,
argumento que no calla
ni cuando quiero que me calles,
ni siquiera cuando no hablas.
Eres puta poesía
y obscenidad en boca de quien nunca supo cómo sabe el jabón.
Eres tan prohibido que me tienta alargar el dedo para salvar la mano entera.
Y para salvarme a mí.
Me despertaste en medio de un abismo
cuando me inyectaste tus endorfinas en vena.
Me despertaste y ya estaba volando
antes de darme cuenta
de
que
estaba
cayendo.