domingo, 18 de mayo de 2014

Aquello que no era nada. Y tu soledad más la mía.

Nada. Vacío. Lágrimas tras aquella carcajada.
sonrisas entre gotas de rocío,
miradas que queman y hacen reír,
a la luz de la elegante luna,
brillos que yacen en una pupila,
tristeza que nace en tus ojos,
y un manto de vacío. Y finalmente nada.

Nada. Simpleza. Llantos que a ti se me asemejan,
luces tintineantes, deseosas de ti,
estrellas fugaces que escapan de los malos,
y promesas. Tantísimas.
Entonces suspiros contenidos,
vaho donde escribir tu nombre.
Y cristales rotos que abren heridas del pasado.
Un resumen de la simpleza. Y finalmente nada.

Nada. Belleza. Aquellos labios rosados,
aquellas mejillas coloradas,
la piel fría y blanca, tensa,
los ojos entonando los sentimientos del alma,
y una voz fina, aguda, que no cesa,
un hilo irrompible de plata, pero frágil,
pero difícil. Y bello. Finalmente nada.

Nada más. Escúchame; nada.
No somos nada. Nada más que trozos de una historia,
fragmentos sin unir de un cuento,
de una metáfora,
olvidate; no somos nada.

Verano y estrellas. Copas a la luz de velas♥

Amamos en agosto,
Y cuando el otoño cayó
Con su manto ocre de hojas secas
Creímos en vastas estrellas
Corazones concienzudamente abiertos al amor
Y pensamos en cada canción
Una dedicatoria
Equivocadamente contamos al viento
Nuestras memorias
Y disternidamente el cielo
Apreció nuestras glorias

Pero nuestra pasión se apagó
Como se secaron las flores
Y la hierba tomó
Un oscuro color


Porque amamos en agosto
Y el otoño cayó
No pudo soportar el frío
Nuestro dulce corazón

sábado, 17 de mayo de 2014

Breve



Era tarde. Muy tarde. El tictac, el repiquetear de las gotas de lluvia, el viejo disco puesto en el reproductor, la manta colocada cuidadosamente resguardándome del frío. Sin quererlo, sin pensarlo, quizás culpable por cometerlo. Quizás.

Reescribí los versos de mi memoria. Remonté mi alegría a tan solo ciento veintitrés minutos. Minutos que se eternizan. Que no parecen querer tragarse mi vida y devorarla. Una lágrima escapó de su cautiverio. Resbalando suavemente por mi mejilla. No queriendo saber nada de cómo podías sentirte. Pensando en cómo me habías destrozado enteramente.

Con pena recordé al mundo hace ciento veintiséis minutos. Recostada a tu lado parecía segura, viva. Tu brazo descansaba delicadamente sobre mi hombro. Era tuya. Te pertenecía, y lo sabías. Y tus "te quiero" al oído, que eran el mayor regalo de todo tu mundo, que creía me incluía. Acariciabas mi pelo con tus dedos, y yo te miraba, dándome cuenta de que no dejaría jamás de mirarte, hasta que nuestras almas se desgastasen. Esa fue mi promesa. Mi promesa que decidí hacer realidad en tus ojos, en los que sin querer evitarlo me perdía.

Y en tus labios me encontraba para volverme a desorientar. Y soñando me encontraba de nuevo.

La realidad se aleja de los sueños y caí. Caí y di muy fuerte contra el suelo, despertándome de una vez por todas de aquel cuento de hadas ficticio.

Y en una brevedad de sentimientos, me arrepentí de no poder representar mejor mi sufrimiento. Me arrepentí de tantas cosas en tu ausencia. De tantísimos instantes y de tantos momentos. Todos ellos diferentes. Compartiendo una esencia. Sintiendo en mis lágrimas arrojadas pidiendo perdón por hacerlo.

 

jueves, 15 de mayo de 2014

Dulce

La vi. y estaba exactamente igual que la última vez. Sus largas trenza doradas le caían sobre los hombros. Era preciosa. La mismísima inocencia allí presente. La viva imagen de la infancia sonriéndome, con la mirada avivada, atenta, y los ojos centellando divertidos. 
Te recordé. En tiempos pasados, encendiendo velas de colores en atardeceres tempranos, invernales. Apagando de un soplido esperanzas encendidas. 
Elegante como una gacela. Tan divertida como gélida. Tan amigable como dura. Y tan especial.

Entonces te entristeciste.Y en un intento de desaparecer miraste hacia atrás. 
Amablemente, una joven de piel tensa, lisa, pálida, ojos apagados, tristes, cansados; me saludó, cogió a su hija por los hombros y se la llevó lejos de allí, no sin antes mirarme; y ahí fue cuando te vi. Supe que habías crecido, que ya no eras esa niña de largas trenzas y alegres pupilas. Sino un adulto como todos los adultos. Triste. Apagado. Sin creatividad...Y ya habías dado vida. 

Y me entristecí de repente. 

martes, 13 de mayo de 2014

Otro punto de vista


Desorientados, perdidos, buscan su sitio. Sociedades que castigan con el filo de la mirada gélida, la carencia del cariño y de la importancia de la vida. Y, sin embargo, aguantan a duras penas el frío de la indiferencia, soportan el peso de la culpabilidad ajena.

Ellos, que se dan cuenta de que la estupidez aumenta, y nadie lucha sino en vano por erradicarla. La idiotez incrementa y las lágrimas de impotencia son arrastradas por los mares del olvido, y se pierden en ellos. Nunca hay mañanas visibles, a estas alturas ya se pierde la esperanza. Nunca hay persona que quiera despertar para enfrentarse a la realidad que le toca. Y mientras el mundo huye de sí mismo, avergonzado por las vidas que se destruyen por salvar orgullo.

La oscuridad nos acecha mientras ellos están acostumbrados a vivir entre las sombras, ausencia de luz en sus vidas. Perspectivas que asombran, perfiles que apuntan a la maldad sin darnos cuenta, mientras ellos viven en los suburbios de los sueños.

Seguimos creyéndonos aptos para juzgar... pobres inocentes. Ellos pierden su pureza desde que la memoria les alcanza, aprenden a vivir entre las injusticias y lágrimas... porque no hay lugar para sonrisas.

Nos pensamos como los dueños de nuestro destino. Pero hay memorias que todavía recuerdan con dolor cómo sufrían por conocer sus destinos. Saber que aguantar un día más puede ser la mayor crueldad y tener que decidir entre abandonarte o abandonar...  Y terminar en depresión, indecisión, inseguridad y roto. Muerto por dentro y sin esperanza.

Pero eso no lo podemos saber. Ellos sí, porque lo viven. Ellos, los amigos de las sombras. Los fieles amantes de la noche y de los desgarradores gritos. Su amor es la vida. Su vida, su dolor. Trágicas víctimas de su propia pasión.

Respiran entre tragedias apasionadas cuando todavía se sienten capaces de abrir los ojos. Cuando todavía se sienten capaces de soñar. Pero despiertan para encontrarse el vacío.

Despiertan de la muerte para morir por dentro. Sueñan en pesadillas para escapar de sus temores. Gritan por dentro para poder callar su silencio. Viven en la más insólita de las paradojas. En una metáfora perfecta.