No era ella. Era su mirada aquella que me enloquecía, aquellos ojos suplicantes que lo conseguían todo. Que me postraban a sus pies.
Pero no.
No más mareos.
Al menos miénteme, porque se que si no lo haces, las verdades me atacarán de tal modo...el saber que no me quieres. El tener en mis oídos tu frío adiós.
Prométeme mil mundos al menos. Porque me alimento de deseos y malditas esperanzas.
Pero es que son puras realidades las que me regalas. Ni maquillas esas verdades ni las disfrazas de dichosas princesas, me las das siendo lo que son; asesinas de alma, matando mis inútiles ilusiones.
Estás ahí y te haces notar.
Estás para herirme, lo sé.
'Que la luna me regalará la entereza que me falta cuando tu me la quites, que me devolverá la cordura del que no está sufriendo.'
Ella. Ella era la sombra que caminaba a mi lado. Ahora ya no tengo. Ya no se proyecta mi figura en el suelo. Estúpida soledad ¿que demente la habrá inventado?
sábado, 3 de mayo de 2014
She
viernes, 2 de mayo de 2014
50 entradas♥
Hasta siempre, capitán
-Últimamente el aire ha cambiado. La gente ya no se para a saludarte por la calle, ni siquiera se atreven a dirigirte una mirada de cariño. ¿Qué nos está pasando, papá? ¿Nos hemos vuelto más cobardes? ¿De qué tenemos miedo?
-Últimamente el aire ha cambiado. La gente ya no se para a saludarte por la calle, ni siquiera se atreven a dirigirte una mirada de cariño. ¿Qué nos está pasando, papá? ¿Nos hemos vuelto más cobardes? ¿De qué tenemos miedo?
Papá continuó con su semblante
serio y su apariencia apagada. Movió los labios para conseguir articular unas
palabras:
-Es la felicidad lo que nos asusta.
-¿Y por qué?
Bajó sus ojos sin atreverse a
hablar, con un rostro agotado y exhausto.
-¿Sabes, papá, cuál es la peor
parte? Que todavía existen las personas. Las personas que realmente se dan
cuenta de lo que ocurre a su alrededor, aquellas que no han perdido las
esperanza aún cuando nos estamos hundiendo. ¿Recuerdas aquella historia que me
contaste cuando yo todavía era un niño? ¿La recuerdas?

Asintió débilmente, sin
arriesgarse a pronunciar palabra.
-"El barco chocó fuertemente
contra aquella inmensa roca. La mala suerte nos había llevado con ella a
toparnos. El barco se hundía y comenzaba a entrar el agua. Podía ver en la cara
de aquellos soldados que me acompañaban el horror y el terror que sentían.
Escuchaba de fondo preguntas desgraciadas que se hacían a sí mismos. Algunos
murmuraban: 'Dios mío, ¿por qué a mí?'. Otros, sin nada a lo que aferrarse se
preguntaban qué habría pasado si hubieran empezado a creer. Creí morir cuando
escuché a aquellos soldados decir que su mayor desgracia era no poder despedirse
de sus hijos, no poder demostrarles a sus mujeres lo que ellos las amaban, no
poder escuchar nunca más un 'te quiero'.
Por fin reaccioné cuando escuché
salir de los labios de un compañero: 'Capitán, nos estamos hundiendo'.
En ese momento, y lo juro, solo
pensé en mamá y en ti. Decidí que aquel no era mi momento para morir, decidí
que ninguno de aquellos justos merecía tan temprana desgracia. Decidí que
teníamos que levantarnos y vivir.
Diciendo: 'Muchachos, hoy no es
el último día de nuestras vidas. Hoy es el primer día del resto de ellas.
Saldremos de aquí con nuestra valentía, nuestra fuerza y nuestro coraje. Pensad
en vuestra esperanza y visualizadla. Lo conseguiremos'. Diciendo esas palabras
logramos salir.
Cuando por fin estábamos fuera,
me di cuenta de lo afortunado que era por seguir respirando."
Una lágrima de emoción resbaló
por su mejilla. Seguidamente susurró un 'gracias' entre dientes. Le agarré su
debilitada mano con fuerza.
-Así nos estamos hundiendo, papá.
Nadie se para a apreciar lo afortunada que es por seguir respirando, nadie
consigue dar el verdadero valor a las cosas hasta que un día les faltan Y,
claro, en ese momento reaccionan y se hacen preguntas irremediables, maldicen y
odian. Sin embargo, papá, saldremos a flote. Tendré fe en las personas en tu
ausencia, lucharé por la esperanza cuando tú te vayas, cuando nos dejes capitanearé
mi propio barco. Seré dueño de mi destino como tú me enseñaste. Conseguiremos
recuperar el aire de ternura que se respiraba, el espíritu de niño que todo el
mundo lleva consigo, recuperaremos el valor de una recuperación, los colores
del cielo, haremos que los más valiosos recuerdos sean los de amor, haremos que
la más poderosa arma sea la palabra. Lo haremos tú y yo. Aunque tú ya no estés.
Papá cerró los ojos dulcemente,
mientras esbozaba una sonrisa. Aquellos últimos segundos de vida que me
demostraron su infinito amor hacia mí. Aquellos que consiguieron que rememorara
las veces que había provocado su llanto interno, las veces que había conseguido
provocar su ira y su decepción.
Pero él me quería, a pesar de
todo. Agradecí aquellas últimas lágrimas que sobre su lecho vertí, aquellas
lágrimas de dolor que sacaban de mí todo de lo que quería deshacerme. Agradecí
aquella última sonrisa que sobre su rostro sin vida reposaba y su mano,
todavía, agarrando la mía.
jueves, 1 de mayo de 2014
Silencio
Silencio por favor. Está sonando mi canción favorita de la monotonía de la vida.
El arrular de los pájaros.
El sonido del mar.
La melodía fugaz de una carcajada.
O la tristísima armonía de un llanto.
Silencio, déjame vivir en paz.
♥
martes, 29 de abril de 2014
Hechizada
Continué mirándola, pensando que
aquella mirada era digna de ser llamada divina, me quedé mirando a sus ojos
infinitos como su eterna alegría. Observé detenidamente su sonrisa y me di
cuenta de que, realmente, me estaba enamorando de ella.
Mi corazón palpitaba tan fuerte y
mi mirada revelaba mis verdaderos sentimientos hacia ella. Entonces fue cuando
me di cuenta de que el amor no es nada premeditado y solo cuando lo alcanzas,
es cuando eres consciente de su simplicidad y de su belleza, de su complicidad
y su necesidad. ¿Cuántas veces había esperado en mi vida aquella mirada de
complicidad que ella me dirigió?
En ese momento en el que nuestros
corazones se encontraron y nuestros sentimientos salieron a la luz, esbocé una
tímida sonrisa. Ella me correspondió con una mirada cargada de ternura. Y esa
mirada fue la auténtica prueba de que aquello que había encontrado era el
verdadero amor, ese amor incondicional, sin límites, sin fronteras, sin fin...
ese amor perpetuo, ese amor que busca la eternidad y la libertad. Un auténtico
amor, que no entiende de cadenas ni opresiones, no entiende de distancias ni de
engaños.
Mi corazón quedó aturdido ante
aquella mirada penetrante, y solo entonces, logré balbucear breves palabras.
Unas palabras que salían de mi boca y se perdían entre los suspiros que
exhalaba, unas palabras que no lograban ser encontradas por su destinatario,
que impedían ser recibidas... culpables, mis nerviosos labios.
Nos acercamos el uno al otro,
lentamente, sin pararnos a pensar en el tiempo. Fue ahí, cuando comprendí por
qué el tiempo es barrera. Cuando comprendí que la piel es un obstáculo cuando
buscas contacto con el alma.
Estando ella y yo a menos de un
suspiro de distancia, acercamos nuestras manos hasta poder tocarlas. Mi mano
temblorosa y fría. Mi mano impaciente y deseosa. Acercamos nuestros labios al
tiempo. Cerré mis ojos, esperando aquello, aquella sensación que llevaba
ansiando tantas noches pensando en ella, en tan solo verla una vez más.
Rozando nuestros labios estaban.
Entonces sentí el frío, el frío de la crueldad y la traición, la suavidad de
una puñalada, la genialidad de un asesinato y las lágrimas asomando a mis ojos.
Notando la angustia en mi garganta y el sufrimiento en mis venas me separé de
sus endiabladas garras.
Lo que vi a continuación,
consiguió dejarme apenas sin aliento. Frente a mis ojos, una mirada
maquiavélica se mostraba y una sonrisa tétrica ensombrecía aquel bello rostro
al que yo adoraba, creí ver su alma tornarse malvada y su corazón ennegrecer.
Entendí las sinuosas formas que mi mente enturbiaban y mis ojos cegaban, hasta
tal punto de no conseguir, siquiera, oír la maléfica risa que en el aire se
escuchaba. Y sentí miedo. No, miedo no. Más bien sentí auténtico pavor de
aquella imagen que ante mí se levantaba.
A continuación, pude por fin
escuchar con claridad aquella risa que a mi corazón asqueaba, aquella risa
satírica y burlona que por sus labios escapaba.
Y la golpeé, la golpeé con todas
mis fuerzas. La estampa que antes estaba, desapareció ante mis ojos, rota en
mil pedazos. No pude contenerme y destrozar aquellos trozos de cristal.
Participo en...
¡En el concurso de relatos del blog Abracadabrantes!
SIIIIIII*-* Y tengo mogollón de ilusión...¡a ganar!
PARA PARTICIPAR... jajajaja
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| Preciosa la imagen.... |
¡Que ganitas...!
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