domingo, 8 de mayo de 2016

Poema desesperado.

Siempre supe
que no era la mejor opción.
Joder, si ni siquiera
he sabido sacarte una puta sonrisa
sin que me la hubieras robado
tú primero
a punta de pistola.
Y siempre ha sido
por arrancármela,
romperla
y darte el placer
de devolverla
con los trozos pegados.
Concediéndome a mí
el favor
de quererte.
No sé.
Me da miedo no haber sido suficiente.
La mancha en tu expediente
de la que temías
encapricharte
como con todas las demás.
Porque en el fondo
yo no era igual
y tú lo sabías.
Y sabías que si no eras tú
nadie más iba a poder
hacerme
caer
por el borde de las caricias.
Sobre todo
sabías
que nadie más podía
hacerme tan feliz
entubados en tu respirador
artificial.
Pero lo que más me jode
es que sepas
que no puedo enfadarme
contigo
ni apostarte
al doble
o nada.
Porque ya no tengo nada,
ni siquiera ganas
de esperar
a que esta situación me incomode
tanto que no pueda más.
Porque siento que te alejas
y yo me aferro con cada tirón
y cada lágrima que me trago.
He tragado tanta agua
que creo que me voy a ahogar
y no me está importando.
Eso es lo que más me asusta
de todo.
Es que te estás yendo
muy deprisa
y sin hacer ruido.
Estoy notando el vacío
de tu ausencia
y me está doliendo.
Es que ni me has dado
un solo grito
por el que odiarte
y tampoco
alguna solución concluyente
al problema de necesitarte.
Quiero llorar
hasta quedarme sin lagrimales
para volverme insensible
a tus ataques
de convertir el hacerme daño
en realidad.
Pero supongo
que tendré que sonreír
ante la impotencia
de que no vuelvas a morderme
el labio inferior,
agarrando por los pelos
la desesperación
por tenernos
más cerca,
y cueles un susurro
entre gritos
en el que me digas
cuánto me quieres
y cuánto me has echado de menos.
Supongo
que tendré que fingir
que ni me duele
ni me deja de doler
tener que decir adiós
sin querer.
Supongo
que tendré que consumir
las ganas que te tengo
sin llegar a tocarte nunca más.
Supongo
que tendré que pensar
que mi vida no termina en ti.
Y
te juro
que no sabes
cómo dueles
al pensarte así.

domingo, 1 de mayo de 2016

Lluvia en la mirada.

Tiene que estar
de acuerdo
el universo
para explicar la teoría
de atracción
de nuestro campo magnético.
No sé
si es
el efecto
del tiempo sobre imanes
o si somos nosotros
quienes estamos
desgastando nuestros cuerpos.
El cansancio acumulado
dibujando ojeras
con la forma de tu rostro
bajo los cúmulos
de sangre
de mis ojos
en plena tormenta;
interna.
Silenciosa.
Soñolienta.
Viciosa.
Desidienta.
Esperando al momento
para desatarse
en huracanes
y terremotos
de entre las piernas.
Entre las dudas
en mi cabeza
de si podría
vivir sin perderte
o si es mejor desatarte
y hacer arte
tirando de recuerdo.
Y me siembras el vacile
de mis dedos
que no sé si te apuntan
o me apuñalan.
O si tiemblan tanto
que se rompen
y se recomponen
como pueden
para disimular
que no puedo dejar
de pensarte.
Joder.
Por qué tienes que ser
tan difícil.
Si hace un minuto
te fundías
a mi tacto
y nos rendíamos
al instinto.
Si hace un instante
nos separaba la piel
y ahora el miedo
construye kilómetros
entre mis labios
y tu cuello.
Si hace nada
que duramos un segundo
haciéndonos bien.
Parecía una eternidad
tan fugaz como un relámpago.
¿Has oído?
Truenos.
Empieza a llover.

martes, 19 de abril de 2016

humo




Misteriosas,
y grises sombras-
tu y yo-
dibujándonos sobre el colchón
a carboncillo.
haciendo de lo obsceno
una obra de arte,
si no puedes ser el artista
sé la obra.
Si no puedes escribir poemas
deja que los escriba
sobre tu espalda-
con saliva-

El mejor de los poemas.

Yo era un lienzo en blanco
y tú la tinta
que me acariciaba
los puntos y las comas,
dando lugar a cientos de versos,
donde jurabas
amor eterno a tu musa.

La lluvia de abril
golpeaba los cristales,
mientras tú y yo,
escribíamos
el mejor de los poemas.
En la calle,
todavía era invierno;
en nosotros,
florecía la primavera.

Bailábamos despreocupados,
haciendo de arte y vida
un solo ser,
que nos miraba
incrédulo
de que alguien
pudiese hacer algo así

sobre el papel.

sábado, 16 de abril de 2016

La segunda opción

Cuándo te fuiste,
te dejaste la puerta semicerrada,
por no salir dando un portazo.
Y ese gesto,
me hizo entender que te había perdido por completo.
Cuándo te fuiste dejaste tu colección de calcetines
meticulosamente ordenados sobre la cama.
Tú,
que siempre fuiste el desastre más grande del planeta.
Y con eso, comprendí, que jamás volverías a por ellos.
Te fuiste, sin decir una palabra,
ni siquiera un adiós.
Te fuiste mientras me duchaba
para evitar silencios incómodos,
para evitar miradas,
porqué sabías que mi voz y el agua cayendo,
ahuecarían el sonido de tus pasos,
en el rellano,
escapando de nuestra vida.
Sabes que la rompiste cuando te marchaste,
sabes,
que tu colección de calcetines estampados sigue cómo la dejaste.
Porqué nunca he vuelto a dormir en esa cama,
en la qué sigue encerrado el olor a ti.
Sabes,
que conservo todos esos cuestionarios absurdos en revistas absurdas a los que yo hacía caso,
mientras tu susurrabas a mi oreja
"escoge la segunda opción, siempre la segunda opción"
y yo escogía la tercera,
me gustaba llevarte la contraria.
Y sabes,
que escribo de cosas banales,
porqué todavía no estoy preparada para escribir de lo que hemos sido
sin romperme.
Y porqué no ha pasado el suficiente tiempo,
para poder ver tu nombre escrito
sin querer matarme.
Te fuiste,
y hubiese deseado salir corriendo tras de ti y decirte
lo mucho que lo siento por ser tan destructiva,
tan negativa,
tan confusa.
Y me hubiese gustado hacerlo bien contigo,
porqué en dos noches
quedé enganchada de tu boca.
Y en dos noches,
(las que han pasado desde que te fuiste),
todavía no he sido capaz de cerrar por completo la puerta semiabierta,
de atravesar el rellano,
bajar las diez escaleras que tu contabas en cada paso
y llegar al portal.
Porqué quiero pensar que estás ahí sentado,
en el sofá rojo que da a la calle,
que te has arrepentido de tu decisión
y no te has atrevido a salir a coger aire.
Pero,
no puedo seguir mintiéndome a mí misma.
Se ha acabado la leche,
y en la nevera
sigue pegado un post-it amarillo con tu letra
"comprar leche".
Y diez imanes más abajo,
con tu letra
uno verde que pone "te quiero".
No sé cuánto tiempo lleva ahí pegado.
Otra de las cosas que me hizo entender,
que jamás ibas a volver,
para leer que,
cinco imanes más a la derecha
sobre un post-it rosa,
con mi letra
escrita la respuesta.
Puedes imaginártela,
o regresar para leerla.
Escoge siempre la segunda opción,
siempre la segunda opción.