lunes, 4 de enero de 2016

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Estoy asomada en la ventana de un séptimo piso,
me falta el aire, me sobra el miedo. 
Veo pasar uno a uno cada robot del sistema, 
llegan tarde a sus empleos, 
miran el reloj mientras agarran fuerte su maletín
lleno de dinero, 
o la mano de sus hijos. 
Son las ocho, 
está amaneciendo, 
el revuelo de coches, 
de motos, 
de bicicletas. 
El revuelo de gente y no de personas, 
me asusta. 
Me inclino ligeramente, 
los cierzos están floreciendo, 
ya nadie rimará sobre ellos, 
porqué están demasiado ocupados
contando dinero, 
contando los días, 
atados a un calendario. 
Ya nadie habla de sentimientos, 
sino es en el muro de cualquier red social, 
para que tus mil y pico "amigos" vean
lo cuán interesante eres,
lo cuánto sientes.
Está amaneciendo y a nadie parece importarle,
llegan tarde.
Llegan demasiado tarde,
no tiene ni un momento para pararse a respirar
una bocanada de aire fresco,
y no contaminado
por su consumista
y vacía existencia.
Y seguirán caminando,
con la mirada fija en la puesta de sol
del fondo de pantalla de su móvil
de última generación;
el más caro.
Y besarán con los ojos abierto y de prisa,
no vaya a ser que pierdan tiempo
y lleguen aún más tarde,
todavía más tarde.
Y acarician con las manos manchadas de sangre,
con las manos cansadas de contar billetes,
y cargar bolsas de la compra con compras innecesarias.
Y dicen amar
a ídolos que no conocen,
ignorando bruscamente el abrazo de su madre.
Estoy asomada a la ventana de un séptimo piso,
y el mundo hoy me decepciona tanto que,
preferiría
estar
cayendo.

domingo, 3 de enero de 2016

Pequeños instantes de felicidad compartida.


Abrazos de sofá eternos, punzantes declaraciones de amor que calan en lo más hondo del pecho.
Besos, caricias, mordiscos y susurros inaudibles que hablan por sí solos.
Miradas de complicidad, de “quédate a mi lado” o de “te echo de menos”.  Mirar a los ojos y amar vale más que un fácil te quiero.
Declarar tus piernas el mejor asiento del mundo y respaldar con tus brazos la mayor protección.
Dejarse llevar por la emoción; impulsos suicidas dedicados a ser feliz sin pensarlo.
Sentir que no importa nada más que este momento, nada más que tú y yo juntos siendo, sintiendo y amando de verdad.
Ir más lejos de las promesas, ilusionarse cada día que pasa como si fuera el último.
Confiar un pedazo de ti a otra persona, dejándole la llave para que haga lo que quiera y que decida incorporarlo a su cuerpo, que forme parte de él.
 Vivir al lado de otro ser, escogerle como acompañante para el resto de tu vida. Regalar tu tiempo, tus ilusiones y todas tu ganas.

Enamorarse.





***¡Hola a todos! Soy la nueva "escritora" de la que Alicia os hablaba, y espero haber llegado aquí para quedarme por mucho tiempo. Me hace mucha ilusión, de veras. Ojalá disfrutéis con lo que escribo como yo disfruto escribiendo. Cuidaros mucho, hasta la próxima.***

jueves, 31 de diciembre de 2015

Alegoría del tráfico.

 No tengo nada.
Nada más allá de lo que soy,
y lo que puedo darte.
Ni piel,
ni los pliegues de mis párpados.
Ni suspiros
pegados a tu cuello,
ni la voz de Sabina,
o de Serrat.
Ni las letras
de Supersubmarina,
Ni la poesía de Pedro Salinas.
Ni siquiera podría darte
el desamor de Bécquer;
ni rimas,
ni leyendas.
Ni 19 días
ni 500 noches
me llegan para dejarte caer
a mi espalda.
Así que no me pidas
que te lleve a quemar Gran Vía,
-pongamos que hablo de Madrid-
o a destrozarla
colgado de mis cuerdas vocales.
Porque quizás me encuentres
recitando algo
que haya podido ser
o servir
como luz.
No me pidas que me quede
a sujetarte
mientras me abrasa
el resplandor de los semáforos.
Si tus pupilas tiemblan
a la vez que lo hace la noche...
me quedo a mirarlas.
Si respiras al compás
al que el viento suspira...
me quedo a escucharte.
Que no hay mentira
más grande
que la de tus manos
sin deshacerse
entre las mías.
Que no hay lamento
más largo
que no tener razón
para amar sin razón.
No sé si te debo la voz
pero te debo este desastre...
que soy yo.

martes, 29 de diciembre de 2015

Más daño

Y esa la razón por la que apareciste.
Cuándo yo ya no podía hacer más daño,
cuándo ya había derramado todas mis lágrimas.
Cuándo ya no tenía venas y recuerdos que cortar,
y había aprendido a volar desde décimos pisos.
Tu sabías abrir heridas,
sabías herir,
tenías la sal,
de esa que quema,
en lo que aún no son cicatrices.
Tenías la conciencia tranquila mientras jugabas,
a veces conmigo, cómo dos gatos,
otras veces, el juego era a ciegas,
y yo, me hacía cargo de los daños.
Y es la sinrazón por la que apareciste.
En lugar al que van a parar los sueños frustrados,
y nosotros dos,
con varias copas encima,
y mucha noche por delante.
Así pasábamos las horas,
atados,
yo a ti,
tu atado al vicio de hacerme daño.
Y también los años,
lejos,
sin pensarnos.
Sin echarnos de menos,
sin verbos en plural.
Imagino que aún te acuerdas,
de manos que fueron tuyas,
aunque a mí me pertenezcan.
De labios,
y de besos.
De fuego,
de arder juntos,
y acabar quemados,
acabar hechos ceniza.
Porqué así es todo, cuándo no hay nada.
Así es todo, cuándo te olvidas del resto,
así es todo cuándo me sobraba el mundo,
mientras que a ti te sobraban los minutos.
Y a mí me faltaba el aire,
y tu tenías de sobra.
No hay mensaje en esta botella,
te lo has tragado.
Y ahora estás borracho de palabras que no te dije,
estás saciado de besos que no terminé de darte,
estás harto de miradas que no pudieron ser más que eso.
Y yo,
sigo en mi tormenta moral.
Dónde no deja de llover, y llover.
Y no dejo de rimar cualquier cosa con tu nombre,
incluso la palabra amor.
Y mira que es difícil llamar amor,
a la historia de dos personas que no tuvieron la intención mutua de quererse.
Que incendiaban el mar cada vez que se rozaban,
pero no sabían romper el silencio a carcajadas.
Que no conoces mi risa,
y tampoco conoces mi sonrisa tonta de enamorada.
Pero tampoco mis lágrimas.
Porqué lo nuestro nunca llegó a ver la luz.
Entiendo que te hayas ido,
porqué no tenemos donde mirarnos.
Ni ojos que nos entiendan.
Y ya no hablo de tu y yo,
ahora hablo de la cantidad de espejos rotos cuándo me faltaba el "tu",
y me sobraba la tristeza.
Así qué, cuándo te preguntes porqué,
recuerda que no siempre tiene que haberlo.
A veces,
incomprensiblemente,
cuándo los precipicios parecen hacen pequeños
llegas tú y el resto ya lo conoces.
Y ahora,
me araño la piel para borrar tus huellas y,
solo
consigo
hacerme
más daño.
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****A partir del 1 de enero comenzará a subir entradas en el blog una nueva escritora****

lunes, 28 de diciembre de 2015

Magia

Si hay una razón por la cuál sigo escribiendo a pesar de tu ausencia,
es qué,
la poesía es el único hogar válido que conozco.
Y que si me dieran escoger entre los versos o tus labios,
me sobrarían besos para decantarme por lo que ha estado ahí siempre.
Reconozco haberme hecho adicta a rimar,
pero también a comerte la boca,
y no tengo claro qué es lo que me gusta más,
si tenerte en mis brazos o sentir que me tienes.
Reconozco no haber creído en la magia
hasta el instante en la que sentí chispazos cuándo las yemas de tus dedos
acabaron con cualquier manifiesto de huída.
También reconozco no conocer el amor,
porqué lo sigo confundiendo contigo cada vez que te me apareces.
Y me hubiera gustado poder llamarte amor,
y llamarte a la madrugada,
para que llores conmigo.
Por eso, si hay una razón por la cuál sigo escribiendo es porqué.
la poesía ha derramado más lágrimas de las que yo tengo por derramar.
Es porqué no estoy sola en esto.
Porqué conozco versos de suicidio,
y también versos de besos.
y versos de despedidas.
Porqué conozco versos atrapados en unos dedos incapaces de acariciar,
sino es tu piel, sino es tu calor,
la que me queme.
Y me hubiera gustado poder llamarme verano,
y derretir todos los inviernos que llevas dentro y congelan nuestros cierzos,
desatar así la primavera que dibujan los pétalos que tienes por labios,
para poder besarnos sin hacernos tanto daño,
sin romper ni el hielo,
ni corazones inocentes.
Espero poder llegar a conocer algún día,
y que no necesariamente sea a tu lado,
los versos de Benedetti cuándo habla de arcoiris,
y que llores mis soles,
y humedezcas mis metáforas.
Y que sigamos sonriendo,
Sonreír  hasta caer rendidos,
hasta caer dormidos.
Y por eso, por esto, es por lo cuál sigo escribiendo aunque no estés,
porqué aún sueño con primaveras en tu pecho,
porqué aún confío en remolinos en tu pelo,
porqué confío en poder desatar dragones si alguna mañana te despiertas a mi lado
porqué si tus balas no me han matado,
que lo hagan tus ojos,
que tienen más magia.
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