viernes, 2 de mayo de 2014

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Hasta siempre, capitán

-Últimamente el aire ha cambiado. La gente ya no se para a saludarte por la calle, ni siquiera se atreven a dirigirte una mirada de cariño. ¿Qué nos está pasando, papá? ¿Nos hemos vuelto más cobardes? ¿De qué tenemos miedo?

Papá continuó con su semblante serio y su apariencia apagada. Movió los labios para conseguir articular unas palabras:

-Es la felicidad lo que nos asusta.

-¿Y por qué?

Bajó sus ojos sin atreverse a hablar, con un rostro agotado y exhausto.

-¿Sabes, papá, cuál es la peor parte? Que todavía existen las personas. Las personas que realmente se dan cuenta de lo que ocurre a su alrededor, aquellas que no han perdido las esperanza aún cuando nos estamos hundiendo. ¿Recuerdas aquella historia que me contaste cuando yo todavía era un niño? ¿La recuerdas?

Asintió débilmente, sin arriesgarse a pronunciar palabra.

-"El barco chocó fuertemente contra aquella inmensa roca. La mala suerte nos había llevado con ella a toparnos. El barco se hundía y comenzaba a entrar el agua. Podía ver en la cara de aquellos soldados que me acompañaban el horror y el terror que sentían. Escuchaba de fondo preguntas desgraciadas que se hacían a sí mismos. Algunos murmuraban: 'Dios mío, ¿por qué a mí?'. Otros, sin nada a lo que aferrarse se preguntaban qué habría pasado si hubieran empezado a creer. Creí morir cuando escuché a aquellos soldados decir que su mayor desgracia era no poder despedirse de sus hijos, no poder demostrarles a sus mujeres lo que ellos las amaban, no poder escuchar nunca más un 'te quiero'.

Por fin reaccioné cuando escuché salir de los labios de un compañero: 'Capitán, nos estamos hundiendo'.

En ese momento, y lo juro, solo pensé en mamá y en ti. Decidí que aquel no era mi momento para morir, decidí que ninguno de aquellos justos merecía tan temprana desgracia. Decidí que teníamos que levantarnos y vivir.

Diciendo: 'Muchachos, hoy no es el último día de nuestras vidas. Hoy es el primer día del resto de ellas. Saldremos de aquí con nuestra valentía, nuestra fuerza y nuestro coraje. Pensad en vuestra esperanza y visualizadla. Lo conseguiremos'. Diciendo esas palabras logramos salir.

Cuando por fin estábamos fuera, me di cuenta de lo afortunado que era por seguir respirando."

Una lágrima de emoción resbaló por su mejilla. Seguidamente susurró un 'gracias' entre dientes. Le agarré su debilitada mano con fuerza.

-Así nos estamos hundiendo, papá. Nadie se para a apreciar lo afortunada que es por seguir respirando, nadie consigue dar el verdadero valor a las cosas hasta que un día les faltan Y, claro, en ese momento reaccionan y se hacen preguntas irremediables, maldicen y odian. Sin embargo, papá, saldremos a flote. Tendré fe en las personas en tu ausencia, lucharé por la esperanza cuando tú te vayas, cuando nos dejes capitanearé mi propio barco. Seré dueño de mi destino como tú me enseñaste. Conseguiremos recuperar el aire de ternura que se respiraba, el espíritu de niño que todo el mundo lleva consigo, recuperaremos el valor de una recuperación, los colores del cielo, haremos que los más valiosos recuerdos sean los de amor, haremos que la más poderosa arma sea la palabra. Lo haremos tú y yo. Aunque tú ya no estés.

Papá cerró los ojos dulcemente, mientras esbozaba una sonrisa. Aquellos últimos segundos de vida que me demostraron su infinito amor hacia mí. Aquellos que consiguieron que rememorara las veces que había provocado su llanto interno, las veces que había conseguido provocar su ira y su decepción.

Pero él me quería, a pesar de todo. Agradecí aquellas últimas lágrimas que sobre su lecho vertí, aquellas lágrimas de dolor que sacaban de mí todo de lo que quería deshacerme. Agradecí aquella última sonrisa que sobre su rostro sin vida reposaba y su mano, todavía, agarrando la mía.

"Lo conseguiremos, capitán".



jueves, 1 de mayo de 2014

Silencio

Silencio por favor. Está sonando mi canción favorita de la monotonía de la vida.
El arrular de los pájaros.
El sonido del mar.
La melodía fugaz de una carcajada.
O la tristísima armonía de un llanto.
Silencio, déjame vivir en paz.

martes, 29 de abril de 2014

Hechizada


Continué mirándola, pensando que aquella mirada era digna de ser llamada divina, me quedé mirando a sus ojos infinitos como su eterna alegría. Observé detenidamente su sonrisa y me di cuenta de que, realmente, me estaba enamorando de ella.

Mi corazón palpitaba tan fuerte y mi mirada revelaba mis verdaderos sentimientos hacia ella. Entonces fue cuando me di cuenta de que el amor no es nada premeditado y solo cuando lo alcanzas, es cuando eres consciente de su simplicidad y de su belleza, de su complicidad y su necesidad. ¿Cuántas veces había esperado en mi vida aquella mirada de complicidad que ella me dirigió?

En ese momento en el que nuestros corazones se encontraron y nuestros sentimientos salieron a la luz, esbocé una tímida sonrisa. Ella me correspondió con una mirada cargada de ternura. Y esa mirada fue la auténtica prueba de que aquello que había encontrado era el verdadero amor, ese amor incondicional, sin límites, sin fronteras, sin fin... ese amor perpetuo, ese amor que busca la eternidad y la libertad. Un auténtico amor, que no entiende de cadenas ni opresiones, no entiende de distancias ni de engaños.

Mi corazón quedó aturdido ante aquella mirada penetrante, y solo entonces, logré balbucear breves palabras. Unas palabras que salían de mi boca y se perdían entre los suspiros que exhalaba, unas palabras que no lograban ser encontradas por su destinatario, que impedían ser recibidas... culpables, mis nerviosos labios.

Nos acercamos el uno al otro, lentamente, sin pararnos a pensar en el tiempo. Fue ahí, cuando comprendí por qué el tiempo es barrera. Cuando comprendí que la piel es un obstáculo cuando buscas contacto con el alma.

Estando ella y yo a menos de un suspiro de distancia, acercamos nuestras manos hasta poder tocarlas. Mi mano temblorosa y fría. Mi mano impaciente y deseosa. Acercamos nuestros labios al tiempo. Cerré mis ojos, esperando aquello, aquella sensación que llevaba ansiando tantas noches pensando en ella, en tan solo verla una vez más.

Rozando nuestros labios estaban. Entonces sentí el frío, el frío de la crueldad y la traición, la suavidad de una puñalada, la genialidad de un asesinato y las lágrimas asomando a mis ojos. Notando la angustia en mi garganta y el sufrimiento en mis venas me separé de sus endiabladas garras.

Lo que vi a continuación, consiguió dejarme apenas sin aliento. Frente a mis ojos, una mirada maquiavélica se mostraba y una sonrisa tétrica ensombrecía aquel bello rostro al que yo adoraba, creí ver su alma tornarse malvada y su corazón ennegrecer. Entendí las sinuosas formas que mi mente enturbiaban y mis ojos cegaban, hasta tal punto de no conseguir, siquiera, oír la maléfica risa que en el aire se escuchaba. Y sentí miedo. No, miedo no. Más bien sentí auténtico pavor de aquella imagen que ante mí se levantaba.

A continuación, pude por fin escuchar con claridad aquella risa que a mi corazón asqueaba, aquella risa satírica y burlona que por sus labios escapaba.

Y la golpeé, la golpeé con todas mis fuerzas. La estampa que antes estaba, desapareció ante mis ojos, rota en mil pedazos. No pude contenerme y destrozar aquellos trozos de cristal.

Miré mis manos, llenas de sangre ahora. Desencantada por aquel hechizo, salí de la habitación... no sin antes ver un reflejo de mí misma en uno de los trozos de aquel espejo que yo misma había destruido.
 
 
 

Participo en...

¡En el concurso de relatos del blog Abracadabrantes!

SIIIIIII*-* Y tengo mogollón de ilusión...¡a ganar!

PARA PARTICIPAR... jajajaja

Preciosa la imagen....



¡Que ganitas...!

lunes, 28 de abril de 2014

She is like fire.

Ella es como fuego.
¿Y porque?
Porque es capaz de quemar corazones, hace arder mi alma. Me hace daño a la vez que derrite mis penas heladas.
Porque me hace olvidar el pasado, quemando las páginas antiguas para empezar un libro nuevo.
Porque quema mis deseos hasta que desaparezcan en el viento.
Y cualquier ápice de esperanza lo hace arder también.
Pero a la vez es tan...irresistiblemente cruel, que me hace arder a mi también.

Ella es una melodía nueva. Me pregunté mil veces si estafría muerta, porque ¿que es estar vivo? Es dar vida a los que nos rodean. Pero ella no se aplicaba el concepto. Para ella estar viva era hacer lo que le apeteciera. Dañar a los demás sin limites y a lo largo dañarse a si misma.
Juro que la quise.
Juro también que la creía perfecta. Llámame loco, porque me enamoré de ella locamente.
Júzgame, criticame, créeme un imbécil por amarla tanto.

Lo fui, demasiado. Pensaba que era...diferente.
Pensé que ella me haría feliz.
Ella...bonita palabra que no significa ya nada, tantos deseos y tantas miradas. Sonrisas lejanas en un temprano día. Tal vez demasiado ingenuo, tal vez loco, sí.
Pero deseoso de estar a su lado.
"Eso todo es la vida, tan cruel; primero te hiela y luego te quema. ¿Y la muerte?
La muerte es un adiós más de los muchos que se entonan en el camino hacia la libertad."