Estar sin verte es echarse una soga al cuello,
y retener el grito en la garganta.
Es como vivir sin estar viviendo
en un estado volátil de felicidad momentánea.
Vivir en las nubes,
sin oxigenarme.
Prefiriendo ahogarme a pedirte que vuelvas,
que me destroces los brazos
al acercarme el pecho a tu alma
en un abrazo
de los que escapa el miedo.
Ojalá poder respirar al son de tu pensamiento.
No engaño a nadie diciendo
que no tenerte cerca
es el peor sueño
que merodea mi cabeza antes de soñarte.
Que huyo a la realidad onírica
de estar a milímetros de tu sonrisa
-que me llena tanto el alma que vuela-
a diez mil millas de cualquier resto humano
y fundiéndonos como el cobre y el estaño.
Calor, locura
e instinto básico.
Nostálgico otoño
casi a las puertas del invierno.
Clásico y frenético empiece de lo poético.
Haces de tu vivencia algo necesario.
Haces de ti mismo un verbo.
Verso.
Beso.
No sé.
Me tienes loca, me has vuelto lírica.
En la etílica de tu boca
y de tus labios.
Métrica estética, milimétrica,
de tus lunares entre pecho y espalda.
Astrología carnívora.
Constelaciones de arañazos
y retazos de mis errores.
Vuelve y abrázame un rato,
o toda la vida.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
domingo, 4 de diciembre de 2016
lunes, 28 de noviembre de 2016
Loba y pájaro.
Soy un alma enterrada en la libertad del precipicio.
Soy quien no atreviéndose a volar, jamás dejó de batir las alas
pensaba que dolería más el golpe.
Por eso cuando me lo di
ni siquiera quise contar cuántos huesos me quedaban
y cuántos de ellos podían volver a ser los de antes.
No me interesaba.
Porque nada de lo de antes iba a seguir dentro de mí.
Porque hasta la más difusa lágrima era dolor a gritos.
Los silencios eran tensos.
Y la mirada cortaba más que los cristales de los espejos
donde estaba reflejada.
Me quedé tumbada
con la espalda rota
y la sonrisa torcida, abierta a la mitad.
Con el corazón en una mano
y las manos en el vacío
de ese círculo que envicia
al que llaman soledad.
Soy quien no atreviéndose a volar, jamás dejó de batir las alas
pensaba que dolería más el golpe.
Por eso cuando me lo di
ni siquiera quise contar cuántos huesos me quedaban
y cuántos de ellos podían volver a ser los de antes.
No me interesaba.
Porque nada de lo de antes iba a seguir dentro de mí.
Porque hasta la más difusa lágrima era dolor a gritos.
Los silencios eran tensos.
Y la mirada cortaba más que los cristales de los espejos
donde estaba reflejada.
Me quedé tumbada
con la espalda rota
y la sonrisa torcida, abierta a la mitad.
Con el corazón en una mano
y las manos en el vacío
de ese círculo que envicia
al que llaman soledad.
Me dormí sedienta de un poco más.Me escondía de los instantes
y de los imposibles.
De los impostores.
Y me abrazaba al suelo
repitiéndome que no podía haber nada más abajo.
Por eso cuando me tiré al olvido en sueños
desperté rodeada de lobos.
Oliéndome y aprendiéndome,
siendo una de ellos.
Perdí la razón y gané en instintos.
Me hice más yo de lo que nunca había sido.
Me hice.
Volví a relamerme los labios
y a recordar los sabores de las bocas
cuando hace frío.
Buscaba abrigo entre mis pliegues
y viento en las pestañas.
Conocí a la tormenta que llevo dentro.
Y me gusté.
Tanto que aprovechaba mi reflejo para recrearme
en medio de toda esa agua helada.
No me criaron pero me enseñaron
a no levantar el hocico si no es para alimentarme.
Y tenía tanta hambre
que cuando apareciste
no sé cómo me contuve para no devorarte.
Yo que siempre fui una niña
que no levantaba un dedo por satisfacer la mano entera,
vi en ti la anatomía de quien busca y encuentra,
del narco traficando con sonrisas
de fiera.
Trapicheo del más sucio y pueril
de las ganas de cerrar la puerta de la cueva
y no salir.
que no levantaba un dedo por satisfacer la mano entera,
vi en ti la anatomía de quien busca y encuentra,
del narco traficando con sonrisas
de fiera.
Trapicheo del más sucio y pueril
de las ganas de cerrar la puerta de la cueva
y no salir.
Eres deseo a las 3 de la mañana
cuando no puedes dormir.
Eres grito
bien entendido.
Eres marea que cubre cintura baja
y bote salvavidas olvidado.
Barco a la deriva derivando.
Eres misiva en botella del náufrago que nunca quiso regresar a casa.
Eres hogar
e isla desierta.
Eres masturbarse lento y sin prisa.
Eres gemido en noche trémula,
y lluvia contra tus pupilas.
Contra todo y contra nada.
Contra la pared,
contra la cama.
Eres oficina cerrada en pleno día.
Eres horario de apertura de madrugada.
Eres sin control, eres rabia.
Eres líbido y labia,
argumento que no calla
ni cuando quiero que me calles,
ni siquiera cuando no hablas.
Eres puta poesía
y obscenidad en boca de quien nunca supo cómo sabe el jabón.
Eres tan prohibido que me tienta alargar el dedo para salvar la mano entera.
Y para salvarme a mí.
cuando no puedes dormir.
Eres grito
bien entendido.
Eres marea que cubre cintura baja
y bote salvavidas olvidado.
Barco a la deriva derivando.
Eres misiva en botella del náufrago que nunca quiso regresar a casa.
Eres hogar
e isla desierta.
Eres masturbarse lento y sin prisa.
Eres gemido en noche trémula,
y lluvia contra tus pupilas.
Contra todo y contra nada.
Contra la pared,
contra la cama.
Eres oficina cerrada en pleno día.
Eres horario de apertura de madrugada.
Eres sin control, eres rabia.
Eres líbido y labia,
argumento que no calla
ni cuando quiero que me calles,
ni siquiera cuando no hablas.
Eres puta poesía
y obscenidad en boca de quien nunca supo cómo sabe el jabón.
Eres tan prohibido que me tienta alargar el dedo para salvar la mano entera.
Y para salvarme a mí.
Me despertaste en medio de un abismo
cuando me inyectaste tus endorfinas en vena.
Me despertaste y ya estaba volando
antes de darme cuenta
de
que
estaba
cayendo.
cuando me inyectaste tus endorfinas en vena.
Me despertaste y ya estaba volando
antes de darme cuenta
de
que
estaba
cayendo.
domingo, 27 de noviembre de 2016
ciclo vicioso
Y me desvestí cómo cada noche,
las sabanas blancas se revolvían
cómo serpientes en mi colchón.
Y en mi piel desnuda,
ni el frío ni el calor.
Sudando y llorando muerte
Y mi rostro opaco
mi mirada gélida.
Estado de indiferencia.
El sumidero de tristeza constante
la mierda arrojada desde un séptimo piso
sobre mí.
La ducha de agua fría
o ardiendo
y mi cuerpo templado.
En los ojos siempre tristes.
Quise hacerme daño
nunca me quise
nunca el daño fue suficiente.
Te juro que no me importaba desaparecer,
es más,
desaparecer hubiese sido lo idóneo.
No me importaba nada
en absoluto
Perder el interés por todo lo que amaba
y joder a todo aquel a quién amaba
Era mi constante mantra,
el ciclo de la constante,
Morirme despacio,
con los ojos abiertos.
Totalmente ciego,
desconociéndome totalmente
Personificándome en un "yo" deprimido
un yo que sólo quería matarse.
Odiaba absolutamente todo
hasta que dejé de odiar a mí "yo" deprimido
para empezar a asumir
que mi nuevo "yo" se odiaba a si mismo.
"Eres el culpable de toda esta mierda"
Me lo merecía
Mirando con desprecio a extraños
en los autobuses
"ellos no entienden mi miseria"
No era casualidad
que quisiera reventar con todo,
que de una vez
debiera hacerlo.
Más de una vez
intenté reventar con todo,
y no es casualidad
que acabara por no hacerlo.
Odio a absolutamente todo
lo que me rodeaba,
odio, joder, odio,
hacia la felicidad ajena
hacia los desdichados que "no entendían mi miseria".
A lo mejor,
reventar con todo
sólo para hacerlos hablar
hubiese sido interesante.
viernes, 11 de noviembre de 2016
Make a wish.
Estoy cansada de tantas alertas, de cada lágrima que se escapa porque por más que lo intente siempre consiguen zafarse de mí. Tengo gritos que liberan y otros que destrozan todo lo que hay dentro.
Estoy cansada porque no entiendo por qué lo que nos tenía tan cerca no hace más que despegarnos. Ese temporal que arrasaba las penas, no cesa de arrastrarme a la orilla una y otra vez. Por más empeño que ponga en brazear hasta mar abierto y sumergirme para no sentir la conciencia.
No entiendo que la energía me canse, me desgaste. No entiendo por qué me erosiona mi propia tristeza. Ni por qué los silencios que antes buscaba se me clavan ahora como puñales.
No encuentro un puto pensamiento que consiga salvarme de esta cárcel.
Sé que es egoísta tirarse al abismo sabiendo que nunca me atrevería a saltar del todo. Yo que siempre había buscado tu mano para sacarte del pozo, no la encuentro porque me he arrastrado hasta él contigo.
Joder. ¿Cómo puedo salvarte si tengo un clavo perforándome el salvavidas?
¿Por qué te sigo buscando? Si sé que estás ahí, dándome hasta el brazo cuando nos llega el agua al cuello. Amamos por encima de nuestras propias capacidades y es eso lo que nos hace hundir.
Quizás que ya no sé si soy lo que era. Quizás que me di tanto que terminé olvidándome en qué orden se reconstruía. Quizás me fallan las fuerzas y empiece a necesitar algo de ti. Algo más que sonrisas. Algo más que cariño.
Necesito llorarte. Y que me veas llorar. Que entiendas que a veces te necesito más. Que no sé qué cojones hacer para que vuelvas del todo.
Te he llamado tantas veces que a veces no recuerdo tu nombre.
Si estás al otro lado, mándame una señal.
No pido tanto. Un destello, una razón por la que seguir luchando, una jodida manera de seguir en pie cuando tenga cortadas las ganas de estarlo. Envíame una respuesta de que estás perdido, de que me estás buscando y gritaré más fuerte. No me importa gastarme la garganta si con ello encuentras el camino a casa.
Seré tus señales de humo. Seré el faro que ilumina tu mar, ¿vale?
Pero necesito una noticia de que estás.
Te pido una luz. Un fuego. Un naufragio. No sé. Algo.
Te pid... NO SÉ CÓMO DECIRTE QUE ME DIGAS QUE ME QUIERES.
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