Me convence pensar que fue y estuvo para arrancarme el frío.
Y se fue cuando ya nada podía quemarme la piel.
Ahora estoy bien.
Tan bien que no me creo
que exista otro abrigo
distinto a mi sonrisa rompiendo espejos
donde antes solo me veía
con él.
Ahora doy sentido
a mi existencia.
Ahora soy trascendental.
Ahora mi propia inercia
ya no va a hacerme naufragar.
El frío es un lastre.
Se cura con chaqueta.
Pero no las de los escaparates...
Ni trajes,
ni etiquetas.
Nuevas
formas,
experiencias,
risas que arrastran
los males
y tristezas
a otros lugares.
Donde ya no pueda
verlos.
Donde ya no duelan.
Ahora me veo en otros ojos
y me veo bonita.
Me veo más guapa que nunca.
Y sigo siendo la misma.
Solo que, en vista de otros labios,
ahora estoy segura
de que soy la dueña de mi vida.
Y punto.
lunes, 4 de julio de 2016
lunes, 20 de junio de 2016
Pánico escénico.
Somos parte de un universo creacionisa,
materialista.
Y de simbólico tenemos poco.
Importa más lo que eres por la calle
que si te partes el pecho por sonrisas que no son la tuya.
Es que aún encima
tenemos tanto miedo a joderlo todo
que terminamos.
Solo eso.
Terminamos.
materialista.
Y de simbólico tenemos poco.
Importa más lo que eres por la calle
que si te partes el pecho por sonrisas que no son la tuya.
Es que aún encima
tenemos tanto miedo a joderlo todo
que terminamos.
Solo eso.
Terminamos.
miércoles, 15 de junio de 2016
nús
No cráter dun volcán
entre as túas pernas
arden as cinzas
das miñas.
Nas liñas da xemas dos teus dedos
coma dous cegos
léndonos en braille y a escuras
os lunares.
Os botóns
da túa camisa
semellan as pezas dun quebracabezas
indescifrable.
Non podo denudarte coa mirada.
Hoxe xeadas,
as palabras vacúas
e as linguas frías e lonxe.
Cansados de non estar
coméndonos a versos
e a beixos.
Tragándonos os centímetros
que alexan os nosos beizos.
Recoñezo ser unha ecuación
difícil de resolver
as miñas mil incógnitas
son as mil maneiras que tes
de quererme nu.
Hoxe,
está a chover
e somos nós os mollados.
Se sorrís
agora mesmo;
tal vez poderíamos
facer un arco da vella
que cruce de punta a punta o meu ventre,
carreteira para a túa lingua.
entre as túas pernas
arden as cinzas
das miñas.
Nas liñas da xemas dos teus dedos
coma dous cegos
léndonos en braille y a escuras
os lunares.
Os botóns
da túa camisa
semellan as pezas dun quebracabezas
indescifrable.
Non podo denudarte coa mirada.
Hoxe xeadas,
as palabras vacúas
e as linguas frías e lonxe.
Cansados de non estar
coméndonos a versos
e a beixos.
Tragándonos os centímetros
que alexan os nosos beizos.
Recoñezo ser unha ecuación
difícil de resolver
as miñas mil incógnitas
son as mil maneiras que tes
de quererme nu.
Hoxe,
está a chover
e somos nós os mollados.
Se sorrís
agora mesmo;
tal vez poderíamos
facer un arco da vella
que cruce de punta a punta o meu ventre,
carreteira para a túa lingua.
lunes, 13 de junio de 2016
Luces, cámara...
Yo siempre esperé que nosotros fuésemos una canción en acústico en una guitarra, una canción que hablase de tu dulzura, o de la nuestra.
Siempre nos esperé en cualquier estación, con las maletas hechas huyendo; de la mano.
Desde que te conozco, nos imaginé besándonos en París, suelo ser muy original.
Nos imaginé corriendo por Gran Vía.
Bailando juntos en conciertos de grupos bohemios.
Haciendo el amor bajo mil estrellas, jurándonos amor eterno.
Quizá siempre imaginé todo eso, por lo que siento cuándo te miro directamente.
Quizá no caí en la cuenta de que nuestro amor sería de esos torbellinos que cambian absolutamente todo, y destruyen todos aquellos principios que hasta el momento creías ciertos.
Por eso, dejé de esperar besos bajo la lluvia y ramos de flores, y empecé a esperarte a ti a la vuelta de la esquina. A esperarte cuándo te quedas atrás, cuándo no llegas a buscarme.
A esperarte, a ti y a tus manías.
Dejé de esperar bombones, San Valentines y canciones románticas. Dejé de esperar todo eso,
porqué no lo necesitaba contigo, empecé a esperar que me quisieras cómo nadie ha querido. A ti siempre te ha gustado innovar.
Empecé a esperar tus carcajadas después de mis frases incoherentes, empecé a esperar tus buenos días cada vez que me despierto.
Empecé a esperar que detrás de cada sonrisa tuya, exista algo de mí.
Por eso,
yo,
dejé de imaginarnos cómo en una película,
ni la sala de cine más grande del planeta Tierra podría llegar a comprender lo que siento por ti.
Siempre nos esperé en cualquier estación, con las maletas hechas huyendo; de la mano.
Desde que te conozco, nos imaginé besándonos en París, suelo ser muy original.
Nos imaginé corriendo por Gran Vía.
Bailando juntos en conciertos de grupos bohemios.
Haciendo el amor bajo mil estrellas, jurándonos amor eterno.
Quizá siempre imaginé todo eso, por lo que siento cuándo te miro directamente.
Quizá no caí en la cuenta de que nuestro amor sería de esos torbellinos que cambian absolutamente todo, y destruyen todos aquellos principios que hasta el momento creías ciertos.
Por eso, dejé de esperar besos bajo la lluvia y ramos de flores, y empecé a esperarte a ti a la vuelta de la esquina. A esperarte cuándo te quedas atrás, cuándo no llegas a buscarme.
A esperarte, a ti y a tus manías.
Dejé de esperar bombones, San Valentines y canciones románticas. Dejé de esperar todo eso,
porqué no lo necesitaba contigo, empecé a esperar que me quisieras cómo nadie ha querido. A ti siempre te ha gustado innovar.
Empecé a esperar tus carcajadas después de mis frases incoherentes, empecé a esperar tus buenos días cada vez que me despierto.
Empecé a esperar que detrás de cada sonrisa tuya, exista algo de mí.
Por eso,
yo,
dejé de imaginarnos cómo en una película,
ni la sala de cine más grande del planeta Tierra podría llegar a comprender lo que siento por ti.
miércoles, 8 de junio de 2016
Me busco, te encuentro.
¿Y qué hacer en el momento en que ya no queda nada?
Cuando el tiempo se para,
cuando parece que ha llegado el final de algo que todavía no
has descubierto.
Cuando mires por donde mires no sabes continuar.
Cuando ya no tienes nada que perder,
estás perdido.
¿Y qué tal si en vez de buscar salidas te busco a ti?
Me busco en tus ojos,
y me encuentro mirándote los labios,
acariciando tus pecas;
memorizando tu nombre,
repitiéndolo en mi cabeza de manera constante.
¿Y qué tal si en vez de buscar mi sitio busco tu pecho?
Quiero escucharte latir,
bailar al compás de tu sístole y tu diástole.
Sentir tu aliento,
tu aire,
sentirte a ti.
¿Y qué tal si dejo de escribir y voy corriendo a buscarte?
Aguarda,
ya casi estoy.
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