domingo, 18 de octubre de 2015

De mi obsesión con la luna.

Joder.
Tienes la boca
más rota
que he visto
en todo 
lo que me queda por ver.
Tienes la sonrisa
partida en dos mitades
y una de ellas está jodida
y la otra ignora
lo que pueda suceder.
Tienes las manos heladas
porque te da miedo
poder sostenerme la mirada
más de un instante.
Y las piernas más bonitas
con el horario 
del sueño
mezclado con el de apertura.
Y una bala 
o un cañón entre los dientes.
Que parece que te gusta 
apretar el gatillo
y que me guste cómo me mientes.
Eres la reina de los sinsabores,
la sultana
de mis mil y una noches
reversibles
y también de mis errores...
que no lo son tanto.
Eres la princesa de las luces
de las farolas 
que te alumbran
cuando caminas
y haces a todos caer de bruces.
Y déjame decirte también
que tienes la mirada 
más difícil de entender.
Porque me gusta que,
cuando miras fijamente,
después
con tu sonrisa partida
y tu boca rota
en mis mil y un errores
te me acerques 
y me digas:
<<que te den>>
y me toques
el alma
con tus manos gélidas...
y, sobre todo,
que te alejes caminando
y atraigas las miradas.
Y que me grites 
desde la otra acera
mientras con un dedo señalas
a la luna que te hace sombra:
<<Hasta que ella no se apaga,
yo tampoco.>>

sábado, 17 de octubre de 2015

Dedicado a los días que perdí entre tus brazos.

Recuerdo una tarde de agosto, finales. 
Llovía pero no importaba, nos teníamos cerca. 
Me abrazabas, y yo me dejaba abrazar, 
recuerdo que sentí cómo todas mis piezas rotas se volvían a juntar. 
Recuerdo aquella tarde de agosto cómo mi recuerdo más valioso, 
después de ti, claro. 
Recuerdo la lluvia y el brillo de tus pupilas confundiéndose,
Recuerdo que me sentí querida, 
durante segundos, 
me sentí tuya, y a la vez tan mía...
Corrimos, corrimos buscando resguardo, 
tu tal vez no sabías, y sigues sin saber, 
que el único lugar a dónde no llegan mis tormentas son tus brazos, 
y que ahora sin ti la lluvia me está calando. 
Recuerdo agosto, 
agosto contigo, a veces sin ti. 
Recuerdo tu calor cómo lo único que me hizo feliz, 
horas pensándote, 
canciones con tu nombre implícito que ahora me rompen cada vez más. 
Recuerdo que me cogiste en brazos, 
que te anclaste en mis ojos y dejé de respirar. 
Recuerdo que olía a tormenta, que tu cuello olía a mi saliva, 
que entrelazamos nuestros dedos, 
que no dejaba de llover ahí fuera. 
Recuerdo que en esos momentos no me imaginaría lo que llegarías a ser, 
que me jure a mi misma que te irías cómo llegaste. 
Y ahora, 
tengo todos los recuerdos en fila, frente a mí,
haciéndome saber que todo se desvanece, 
que hasta los mejores momentos son pérdidas de tiempo. 
Que nunca volverás a abrazarme, y siento un precipicio en el pecho, 
me siento caer, tengo miedo a que vuelva agosto y no estés, 
tengo miedo que vuelva a llover y no haya resguardo, 
porqué estás demasiado lejos. 
He dejado de sonreír cuándo me dicen tu nombre, 
he dejado de mirarme al espejo y verte en el brillo de mis ojos. 
He dejado de querer sin saberlo para saber que tu no lo haces, 
He dejado de temer decaer porqué no hay nada por debajo de esta mierda. 
He dejado de escribir con las yemas de mis dedos en tu costado, 
porqué todas las palabras se me ahogan, 
han perdido sentido porqué tu se lo dabas. 
Y ahora que no estás...ya nada lo tiene. 



domingo, 11 de octubre de 2015

Guárdame una hora.

Me dices te quiero bajito por miedo a que te roben las palabras,
para que no se celen de mis ojos por mirarlos tanto,
y lo susurras porque sabes que me gusta tanto que casi no puedo resistir lo que me gusta,
para que casi ni siquiera te escuche decirlo,
para que con tu olor se disipen los suspiros,
para que no pueda saber lo que significa,
porque no quieres que me olvide de que estés tan cerca,
porque no quieres dejar las huellas en el tiempo,
ni encontrar tu dirección.
Por eso me dices te quiero bajito,
para recordarme que sigues ahí,
a mi lado,
y tan real,
y tan despacio,
para encontrarte,
y poder marcar el suelo con tus pisadas,
para que piense que estás más lejos,
para que sea el diccionario de tus gestos,
y que tu olor y los suspiros se condensen,
para que puedas gritarlo y que te escuche,
porque sé que te gusta que me guste tanto,
para que mis ojos se celen de mis labios...
Por eso me dices te quiero bajito:
por miedo a que te arranque las palabras
y no te las devuelva
al admitir que yo también lo hago.

sábado, 10 de octubre de 2015

Desenlace




Podría quedarme dormida en tus etéreas pupilas, 
con la nana de tu meliflua voz, 
Podría quedarme a dormir en tu inefable risa, 
o escribir los versos más bonitos sobre tu luminescente sonrisa. 
Podría agarrarme de tu mano y jurarle al mundo que el resto me es indiferente, 
podría.
Podría matarme por el inmarcesible dolor de la distancia, 
y caer en el olvido de tus ojos para luego soñarlos. 
Podría despertarme y creer que estarás a mi lado, 
o dormirme pensando que tu me piensas. 
Podría volver a perderme en tu boca, 
en la soledad de tu compañía. 
En los silencios cuándo hablas, 
en tus dudas y mis respuestas. 
Podríamos pararnos el uno frente al otro y dejar de girar por un segundo, 
parar el mundo para sonreír juntos. 
Podríamos encontrarnos en sueños y despertar entre lágrimas. 
Podría, porqué te echo de menos, jurar que tu vacío me llena, 
de todo aquello de lo que nunca quise estar llena. 
Podría morir mirando el arrebol de tus mejillas, 
o caminar sonámbula por encima de tu pelo. 
Resultado de imagen de tumblr manos

martes, 6 de octubre de 2015

Fuimos metáforas

Búscame en el cementerio,
dónde enterré todos mis recuerdos,
que si la vida sin ti es esto,
hubiera preferido nacer muerto.
Búscame dónde buscarías una razón,
y no encontrarás más que cenizas,
del cigarro de los besos nunca dados
que me diste.
Búscame con miedo y cautela,
sin tener la certeza
de si me encontrarás rota
o en mil pedazos.
Búscame entre hueso y carne,
y entre el vacío que dejó tu adiós,
entre lágrimas y medias noches,
o noches enteras.
Búscame en la diana y en la flecha,
en las líneas de tu mano,
en las que llegué a perder
las yemas de mis dedos.
Búscame también en tus ojos,
en la negrura de su sinfin
dónde ahogué todos mis demonios,
pero aprendieron a nadar.
Búscame en los versos,
en los besos,
en los vasos de café,
en cada una mis metáforas.