martes, 6 de octubre de 2015

Fuimos metáforas

Búscame en el cementerio,
dónde enterré todos mis recuerdos,
que si la vida sin ti es esto,
hubiera preferido nacer muerto.
Búscame dónde buscarías una razón,
y no encontrarás más que cenizas,
del cigarro de los besos nunca dados
que me diste.
Búscame con miedo y cautela,
sin tener la certeza
de si me encontrarás rota
o en mil pedazos.
Búscame entre hueso y carne,
y entre el vacío que dejó tu adiós,
entre lágrimas y medias noches,
o noches enteras.
Búscame en la diana y en la flecha,
en las líneas de tu mano,
en las que llegué a perder
las yemas de mis dedos.
Búscame también en tus ojos,
en la negrura de su sinfin
dónde ahogué todos mis demonios,
pero aprendieron a nadar.
Búscame en los versos,
en los besos,
en los vasos de café,
en cada una mis metáforas.



lunes, 5 de octubre de 2015

Reiteración onírica de su recuerdo.

Ahora.
Ahora me quedo mirando las paredes, buscando que aparezca de nuevo entre las sombras. Ahora que por fin nos hemos encontrado en sueños. Ahora que por fin su rostro se dibuja cuando cierro los ojos. Ahora que el nunca jamás está más lejos y que la línea del horizonte se dibuja en la palma de su mano. 
Ahora que cuando tengo sueño pienso en dormir sin preocuparme de lo que pueda imaginar. Ahora que sé que los gritos en mis lagrimales me van a dejar llorar. Ahora que las gotas en los cristales significan algo más que eso... que gotas de lluvia. Ahora que el viento que se pasea por mi piel solamente es viento y no un recuerdo.
Ahora que cuando respiro fuerte huele a él, ahora que cuando respiro fuerte y hondo lo siento. Y siento sus manos, su rostro, su hombro y su pelo.
Ahora que las ganas que tengo de arrancarle la sonrisa a besos son mi brújula imantada y mi rosa de los vientos.
Ahora que el incendio se propaga en las cenizas muertas de mi ser y mi alma se ahoga en humo...
Ahora... ahora siento que me han vuelto las ganas de comerme el mundo.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Querer.

Socorro.
Sálvame de la nostalgia,
sálvame de la lluvia 
y del olor a invierno
y de los cantos
suaves
del tan
implacable
viento.
Sálvame del abrigo,
y de las gotas
de lluvia
en los cristales.
Sálvame del abrazo,
del yugo frío
de tus dedos
al borde 
de
mis
lagrimales.
Sálvame del instinto
del silencio,
de los gritos
y del ruido.
Sálvame de las sábanas,
de las gélidas
trampas 
mortales.
Y de nunca
encontrar a nadie
que sepa luchar
contra esta calma.
Sálvame de aquel
que me impida conocerme
y saber muy bien
quién soy yo
por dentro.
Y de no saber
qué hacer,
qué decir
cómo
llorar
si te pierdo.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Con las ganas

Clavando las yemas de tus dedos en mis lunares, 
enredar los míos en tu pelo. 
Mientras nos miramos, 
mientras me desnudas con la mirada y te acaricio con el silencio. 
Tu lengua y la mía juegan a esquivarse, 
a encontrarse, 
fundiéndose en una sola. 
Mi bello se eriza en cuanto te acercas, 
en segundos, 
suspiras mi nombre. 
Suspiro todo tu cuerpo, 
respirando tu perfume, 
acariciando mis costillas, desgastando tu piel. 
Tus labios recorren mis clavículas, 
mis ojos se hunden en los tuyos, 
y nuestras lágrimas se confunden. 
Y te pierdes entre mis piernas, 
y yo naufrago en tus omóplatos. 
Y escalo tu espalda, 
Respirando a la par. 
Suspirando a la par. 
Mientras jugamos a ser inocentes, 
te siento sonreír, 
y sonrío. 
Te hundes en mi pelo, 
hinco mis dedos en tu costado, 
apoyando mi cabeza en tu pecho, 
me miras, me derrito, te derrito, 
y nos fundimos en un solo cuerpo. 
Y en este momento, 
me moriré de ganas de decirte...
Que te voy a echar de menos. 
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viernes, 18 de septiembre de 2015

diez mil kilómetros

A diez mil kilómetros de su sonrisa todo parecía diferente.
Tal vez a solo unos centímetros habría resultado más fácil.
Su olor seguía despertándome de vez en cuándo, alguien con el mismo perfume que tu.
A diez mil kilómetros de tu pelo yo era la culpable de todo. De tus nudos, tus enredos, de mis llantos y mis risas nerviosas.
Tal vez en el parchís de tus lunares habría ganado yo.
A diez mil kilómetros, o incluso más, de tus labios un vacío me aplastaba el pecho, una canción deprimente me recordaba a ti. Como todo, vaya...
La noche se me hace pesada, humedezco la almohada, dónde duermo todos mis pensamientos. Todos mis tú.
Tal vez entre tus brazos sería posible calmar mi temblar.
A diez mil kilómetros de tu voz el invierno había llegado y solo se oían cañonazos.
Tal vez por pensar tanto tenía el corazón repleto de heridas.
Al fin y al cabo fui yo la que me largué, diez mil kilómetros que separaban nuestras bocas.
A diez mil kilómetros de su sonrisa fui consciente de lo mucho que te quise y me ahogo en lágrimas.
Tal vez en el pozo de tus ojos encontraría la manera de respirar bajo el agua.
A diez mil kilómetros de tu rechazo me quedé sola con un par de recuerdos.
Tendida sobre tu pecho esos recuerdos serían presente.
A tanta distancia resultó demasiado fácil entenderlo todo, cuándo desearía no entender nada, y estuve predispuesta a hacer cualquier tipo de locura, incluso más loca de las que hacía contigo.
A diez mil kilómetros de su espalda me rompí cada vez que caía en la cuenta de su ausencia.
Miedo, joder, miedo.
A diez mil kilómetros de cualquier esperanza me deshice en miedo sobre donde quedaron todas esas cosas que nunca llegamos a hacer.
Todas esas promesas.
A diez mil kilómetros tu olor seguía impregnado en mis fosas nasales y en mi ropa interior.
Irónico que llegué a odiar ese olor cuándo casi podía acariciarlo con las yemas de mis dedos.

A diez mil kilómetros de sus cicatrices desee morir, y tal vez lo hice; no fuiste mi error, joder, tal vez yo sí el tuyo.