viernes, 23 de mayo de 2014

Locura y desencanto

Y...

    El primero, había enloquecido por amor, poseído por los huesos de ella. No tenía la llave de su corazón y cayó loco. Una locura imparable.
La deseaba. Deseaba escapar con ella a otro mundo. Y lo hizo; abandonó la calma para empezar a vivir de verdad.

                       






 El segundo, deprimido, guardaba la esperanza de enloquecer porque no se creía digno de cordura.

       



El tercero,vagaba por las calles mendigando una copa más. Solo una para calmar su sed de alcohol.









           
La cuarta había enloquecido presa de las apariencias. Obsesionándose con su cuerpo hasta enfermar.






     La quinta era tan perfecta que se envenenó con las mentiras de su falsa apariencia.


Y allí estaba yo, en el medio, proyectándolas.






No sería desencanto de no ser porque primero me encantaste; me hechizaste. 



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jueves, 22 de mayo de 2014

A prueba de balas


-Quise llorar, pero no pude dejar de reprimirme. Consumirme por dentro fue mi opción. No pude soportar la tentación de morderme los labios hasta que de ellos saliera sangre. No importaba el dolor físico. Mientras los ojos se me llenaban de lágrimas tú sonreías con satisfacción. Quizás es ese el más trágico de los finales. Acabar con toda una vida de golpe.  Sigo sin arrepentirme de no haber podido gritarte, de no haber podido mover un solo músculo. Sigo sin arrepentirme pero me siento culpable. Y no soy capaz de pasar de este punto. Y, puede que a estas alturas ni siquiera recuerdes mi nombre. Pero yo te memoricé y estás grabado a fuego en mis venas. Memoricé el color de tus ojos, el sabor de tus labios, la anchura perfecta de tu sonrisa. Memoricé cada instante que en tu vida estuve, tus noches sentado en el piano... buscando inspiración. Me tocaste esa canción de Amèlie. Memoricé el número de respiraciones que dabas antes de poner sobre mis labios los tuyos. Todavía recuerdo el aroma de ese perfume tuyo, ese que usabas para venir a verme. Me recordabas a la vida, cuando yo solo veía muerte. Conseguías ver en mí todo lo que nadie veía. Lo conseguías. Viniste a mi vida, llegaste. Llegaste con fuerza, abriendo las ventanas de mi alma de par en par. Dejabas entrar la luz en mi cuarto, porque decías que me iluminaba la piel... Decías que la luna hacía que mis ojos escintilasen ante ella. ¿No sabías que era causa de tu presencia? Eras conocedor, y además lo afirmabas al mirarme de aquella forma. Soñaba viviendo en tu mirada, vivía soñando en tus ojos y caía rendida en tu sonrisa. Eras perfecto. Me ayudaste a salir de en medio de todo aquel cúmulo de pensamientos enturbiados que era mi mente, conseguiste hacer que volviera a sonreír. Todavía sonrío hoy por tener en mis manos tu recuerdo. El recuerdo de tu voz hace que mi corazón quiera volver a latir como antes lo hacía. El mundo se pasaba cuando tomabas mi mano y me invitabas a seguirte, tenías aquella obsesión con mis imperfecciones. Y yo me obsesioné con descubrirte, con averiguar la complejidad de tu ser. Porque a tu lado absolutamente todo parecía sencillo. Llegué a amarte, a quererte, a echarte de menos entre respiración y respiración, llegué a añorarte cuando te ibas, cuando soltabas mi mano. Tenía miedo de perderte, en mis peores pesadillas no aparecías tú. Era tu ausencia imaginativa lo que a mi ser destruía. Me destruía y me destruye... más todavía que ahora no digas nada.

El silencio se escuchó en el ambiente. Reinó la paz durante unos instantes, menos en su atormentada alma. Con ojos enardecidos por la rabia contenida, envueltos en lágrimas por la emoción descubierta. Ella se levantó con dificultad de aquella tierra santa. Posó su mano sobre la lápida y, pronunciando unas breves palabras en el más absoluto de los silencios, miró con cariño el lugar.

Echó la vista atrás y vio vació, una lágrima se escapó de ella como los pájaros que huyen hacia el sur. Por fin, después de tanto tiempo, había logrado soltar sus escombros, sus cenizas más sinceras. Suspirando, exhaló las finales palabras para dar por concluida aquella conversación:

-Es increíble que después de tanto tiempo, después de haberme roto, de haberme tirado al suelo... pueda hacerme sonreír tu simple recuerdo.




martes, 20 de mayo de 2014

Invierno


Un día, de repente, sientes que el invierno vuelve a tu vida. La sensación de frío es tan grande, te sientes solo, sin protección, vulnerable ante cualquier desviación del camino. Sientes que te caes con la facilidad con la que una piedra se hunde en el fondo del océano que de tristeza inunda tu ser. Sientes tu vida desplomarse y no volver a levantarse intentar. Confusos tus ojos buscan un posible camino hacia la luz. Mas... esa tristeza pesa tanto... Cuando consigues ponerte en pie tras la más dura de las caídas iniciales, son tres pasos los que necesitas para volver a perder la noción. Vuelves a desplomarte y, todavía con más fuerza. Y en ese momento no puedes más. No puedes más. No puedes. No.

Niegas, niegas. Mas, tal vez, algún día te arrepientas. Te sientes como esas frágiles notas que a duras penas se sostienen en la melodía, esas notas que agudizan sus llantos para proceder a sollozar los suaves sonidos que a su paso dejan... y queda una sensación de silencio en tu vida. Y te percatas de que esa ausencia, esa carencia que el amor ha dejado en tu vida... estará ahí para siempre. Ahora los lastres de tu pasado se quedan como la banda sonora de tu llanto, en el que te preguntas los porqués de tu desgracia. En los que sientes, otra vez, la debilidad de un vaso de cristal en tus cuerdas vocales cuando quieres articular palabra.

"¿No somos eternos? Era tu promesa. ¡Lo prometiste! ¡Lo prometiste! Juraste que nunca me ibas a mentir". Ahora te desvaneces como el calor que antes tus brazos me daban. Y te veo desaparecer de mi corazón, y duele. Duele más que ver cómo lo destrozas, cómo mis lágrimas no son bien recibidas en tus manos. Y me las tengo que tragar, junto a mi orgullo. Que deja su rastro a medida que veo cómo te vas.

Cierras la puerta de mi alma y no hay sentimiento que pueda reconocerte. Entonces, como en la contemporaneidad de la vida, los gritos desgarradores, destrozadores de vidas comienzan su son. Las lágrimas afloran y vierten a manantiales los restos de una pasión. Y la sangre fluye por mis manos al describir las palabras de rabia que siento al escribir mi odio apasionado hacia ti.

Porque la injusta melodía que escucho mientras pienso así me lo indica. La infinita belleza me guía y no puedo evitar dejarme llevar por las agudas notas, notas que dejan mi corazón volar. Y con cada suspiro, respiro. Aliviada. La música vuelve a comenzar y mis manos se mueven como si la melodía saliera de la punta de mis dedos. Y lo siento. Siento que tras tu huida por fin tengo el control sobre mí. Una lágrima cae sobre el papel. Y es una sensación amarga. No la puedes conocer. Porque tú jamás conocerás esto. Y si lo haces no lo sabré. Porque te has marchado... te has marchado y no vas a volver. Nunca. Nunca, no lo permitiré. Cada tempo, un verso, cada verso corresponde a una palabra, un sentimiento que escribo. Porque la música me lo dicta. Y, me pregunto cómo he podido ser tan ingenua todo este tiempo. Porque yo era los puntos sobre las íes que tú escribías. Nos completábamos, siendo yo la falta de ortografía y tú el punto y coma en mis ideas. Ambos innecesarios pero convenientes. Y nos conveníamos... nos conveníamos tanto...

Antes de borrar de mi memoria tanta sonrisa y llanto, me gustaría saber si tú realmente me quisiste querer alguna vez. Nada cambiará ya mi melódico pensamiento. Me dicen que debo dejar de amarte, y así debo quererlo. Tenerte era mi sueño imposible, lleno de posibilidades de contemplarte... mas ahora... después de releerte, tu sorpresivo final de ensueño deja de sorprenderme y de encantarme. He dejado de creer en fantasías de sueños llenos de besos, lo he dejado porque tú me has dado la prueba de que no vendrás. Porque te has ido... te has ido y la puerta has cerrado.

Y ahora respiro.
 

 

domingo, 18 de mayo de 2014

Aquello que no era nada. Y tu soledad más la mía.

Nada. Vacío. Lágrimas tras aquella carcajada.
sonrisas entre gotas de rocío,
miradas que queman y hacen reír,
a la luz de la elegante luna,
brillos que yacen en una pupila,
tristeza que nace en tus ojos,
y un manto de vacío. Y finalmente nada.

Nada. Simpleza. Llantos que a ti se me asemejan,
luces tintineantes, deseosas de ti,
estrellas fugaces que escapan de los malos,
y promesas. Tantísimas.
Entonces suspiros contenidos,
vaho donde escribir tu nombre.
Y cristales rotos que abren heridas del pasado.
Un resumen de la simpleza. Y finalmente nada.

Nada. Belleza. Aquellos labios rosados,
aquellas mejillas coloradas,
la piel fría y blanca, tensa,
los ojos entonando los sentimientos del alma,
y una voz fina, aguda, que no cesa,
un hilo irrompible de plata, pero frágil,
pero difícil. Y bello. Finalmente nada.

Nada más. Escúchame; nada.
No somos nada. Nada más que trozos de una historia,
fragmentos sin unir de un cuento,
de una metáfora,
olvidate; no somos nada.

Verano y estrellas. Copas a la luz de velas♥

Amamos en agosto,
Y cuando el otoño cayó
Con su manto ocre de hojas secas
Creímos en vastas estrellas
Corazones concienzudamente abiertos al amor
Y pensamos en cada canción
Una dedicatoria
Equivocadamente contamos al viento
Nuestras memorias
Y disternidamente el cielo
Apreció nuestras glorias

Pero nuestra pasión se apagó
Como se secaron las flores
Y la hierba tomó
Un oscuro color


Porque amamos en agosto
Y el otoño cayó
No pudo soportar el frío
Nuestro dulce corazón