lunes, 10 de octubre de 2016

Nada más de ti.

¡Hola a todos!
Es la primera vez que subo un vídeo al blog con mi propia voz, y quería comenzar leyendo uno de mis poemas favoritos (sin duda) que he escrito. Llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo y durante este último año me aficioné bastante a narrar poesía, la verdad, es una de las cosas que más disfruto dentro de este arte. Bueno, os dejo con Nada más de ti, le tengo un cariño muy especial a este poema, en concreto. Si queréis la transcripción del texto y veo que gusta, lo dejaré en una entrada nueva -o lo incluiré en esta misma-.
Me encanta hacer este tipo de cosas y la verdad espero que no sea la última... ¡espero que lo disfrutéis tanto como yo!

Un abrazo y nos vemos en la siguiente entrada.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Déjame describir un abrazo.

Un roto
y mil rompecabezas,
comerse la cabeza
y olvidar el por qué,
un vacío
tras el temido "hasta mañana"
y querer saltarse el contar las horas
hasta que llegue,
tiritas, formas de arreglarse,
pensando en
qué
debo
hacer
para que
          no
          te vayas,
remiendos,
cicatrices,
sístole y
diástole
acelerando
sin pisar el embrague antes de frenar,
y no tener miedo del golpe.
Podría resumirlo en eso:
en la ausencia del miedo,
en estar,
ser,
allá donde esté y sea contigo;
la forma de un niño
de rascarse en la herida
y arrancar los males,
la sonrisa de una madre
cuando te sonríe a ti;
el calor de tumbarse
y fundirse en el fuego
(que poco puede compararse
al de tus labios),
un incendio
generado
con el roce de las manos
cada vez que perdemos la impaciencia,
una tormenta de nieve
cada vez que te alejas;
la impotencia
por no poder expresar
todo lo que eres
y resumirlo en que ERES
y punto,
sentir ganas de apretar
y apretar
bien
fuerte,
para no poder soltarse nunca;
tirarse al abismo
sin cuerda,
ni cordura,
un viaje a la locura
de la más pura
ciencia ficción;
un libro abierto
sin páginas,
una playa desierta
y un precipicio abarcable.
Todo esto cuando me abrazas.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Pre-invierno.

Hay ganas de invierno,
de frío que te cala los huesos
y miradas que te calan
aún más.
De que llueva
y se empapen los cristales,
y se nos olvide quitar la ropa fuera
y meter dentro el tendal.
Que estemos mojados
y con ansias de llegar
a casa
y desear que el puto verano
llegue ya.
De que ver el sol
sea milagro
y motivo
para decirnos
"hay que verse".
Tengo ganas de saber
cómo es helarse
contigo al lado,
quiero saber si es posible
o se contradice
demasiado.
O si es tan apetecible
un
abrazo
tuyo,
como dormir con exceso de mantas
(o no dormir
si se trata
de ti),
que hasta pasaría tormentas
y lo que venga
y lo haría con gusto.
Si tenerte
me va a dar ganas de bailar
hasta sacarnos la humedad
estacional
y entrar en el trópico
y en calor.
Que todo el frío
se me va a pasar entre canciones
y entre tus brazos,
entre libros,
estudiándo(te).
Y preguntándome
si este año
por fin vamos a ver nevar
antes de Navidad.
Sabiendo la respuesta.
Como cada vez que me preguntes
si me quiero quedar
cinco minutos más.
Siempre sabiendo la respuesta.
Quiero que recuerdes
que soy fan
del chocolate caliente
y sobre todo si es por sorpresa,
de los abrazos
y las caricias.
De los soportales
que nos resguardan
de la que sea
que esté cayendo.
También de las películas
antiguas,
de los gestos mudos
y los gritos para sordos.
Ah,
y también
muy pero que muy
fan de ti.
Que este poema
se me queda corto.
Pero es que cada vez tengo más claro
que me quedo sin palabras
para decirte todo
lo que eres.
Solo espero
que este invierno
sigas disfrurando del silencio.
Y que, nunca,
jamás,
dejes que se calle.

domingo, 21 de agosto de 2016

Skyscraper.

Todo el mundo tiene su propio cielo.
Todos alzamos
la cabeza
y nos preguntamos cómo podríamos alcanzarlo.
Muchas veces
pienso que debe ser la mejor sensación
del planeta;
rozarlo,
saborearlo,
sentir que el frío te cala los huesos
y hacerlo tuyo.
Y ya nada
ni nadie
podría hacerte daño.
También pienso,
cuando me da por ponerme tonta,
en todos los cielos
de todas las personas
que también prefieren la lluvia
tras una ventana
a estar debajo.
En el firmamento que a todos se nos refleja
en los ojos.
En que de una punta a otra
de la tierra
todos tenemos un lugar
que mirar
si levantamos cabeza.
Y que por muy lejos
que estemos,
y nos diferencien los días,
la luna, el sol
y todas las estrellas,
nos queda la poesía.
Que escriba con el aliento
de los días nublados
en los cristales de tus ojos
poemas que conviertan
la tristeza en pasado.
Fuegos artificiales
vistos desde un ático
en cometas fugaces
saliendo de tus labios.
Todos decidimos
qué hacer con nuestro trozo de cielo.
Algunos lo comparten
con la persona que tienen al lado.
Para otros
el cielo oscuro
les impide ver que sus corazones arden
y están vivos.
Yo prefiero pensar
que mi cielo
es el mismo que ves todos los días
y así se me pasa
la melancolía
de echarte de menos.
Así que, por mucho que el tiempo construya
muros de arena,
yo derribaré esos muros.
Todos tenemos un cielo.
El mío es tuyo.

jueves, 28 de julio de 2016

Imposible (d)escribirte.

Podría empezar hablando de la expresión de tu cara cuando sonríes, el brillo en tu mirada, las arrugas de tus ojos, el rubor de tus mejillas o lo muchísimo que se te pronuncian los hoyuelos; pero sería empezar muy fuerte el texto.


Luego escribiría sobre tus caricias y la manera que tienes de erizarme la piel con cada roce de tus dedos; pero no hay palabras que puedan explicarlo.


Hablaría entonces de tu capacidad para atraerme, de cómo me quedo embobada observándote  en cualquier momento en el que te despistas; pero no puedo describir tu mirada cuando me pillas sonriendo.


Entonces me rendiría, clavaría mi índice en el retroceso y volvería a escribir sobre las tardes de verano, donde tu pecho es almohada, tus caricias refugio, y tu mirada mi casa.

(Aunque eso también sería un fracaso si tuviera que hablar del vacío que dejas en mi pecho cuando te veo marchar).