domingo, 3 de abril de 2016

Vivir en ti.

Todo estaba oscuro y tú encendiste mi luz. Abrazamos nuestros miedos y los echamos a volar.

Nos unimos y bailamos juntos la mejor de las canciones. Como si fuese una guitarra y tú tocases todas mis cuerdas, compusimos la banda sonora más bonita del mundo.

Rompimos con la inseguridad y vivimos por segundos en cada rincón de nuestro ser.

Nos cuidamos, acariciando cada una de las curvas que se nos presentaban, -escogí quedarme a vivir en la de tu sonrisa al mirarme-.

Nos sentimos y nos vimos con los ojos del otro, y qué bonita me veía yo con tus pupilas, cariño.

Juntos, construímos nuestro propio mundo –con banda sonora incluída- donde los miedos no existen y solo estamos tú y yo.


Vencimos la partida y nos ganamos los dos.

Hoy no vengo a escribir poesía

El slut shaming es un concepto que define el acto de culpar a una persona (mujeres, especialmente) avergonzándola por ciertos comportamientos sexuales diferentes a los tradicionales.
Está muy arraigado en las mentalidades el etiquetar cómo "puta" a aquellas mujeres por su vestuario, su opinión o su comportamiento. Incluso, en muchas culturas, se avergüenza y culpa a una mujer víctima de una violación.
Todas somos víctimas de esto. Todas vemos nuestra libertad reducida por la sociedad. "Perez Hilton tildó de prostituta a la hija menor de edad de Demi Moore por su manera de vestirse, la primera dama francesa Carla Bruni fue tildada de prostituta por la prensa iraní por protestar contra la lapidación de una mujer, Michael Sanguinetti, aseguró que las mujeres deberían evitar vestirse como putas si no quieren ser víctimas de violencia sexual."
Pero no hace falta ir tan lejos, mentiriais si dijeseis que nunca habéis escuchado comentarios cuestionando la dignidad de una mujer del tipo de "es una puta porqué mira sus fotos, es una puta porqué mira su ropa, es una puta porqué se lía con cualquiera... " Aceptar estos comentarios es ser párticipe de violación a las libertades de las mujeres y cómo consecuencia impide el avance hacia la igualdad en todos los aspectos de nuestras vidas.
No nos vestimos para provocar a nadie, sino porque así es cómo nos gustamos a nosotras mismas.
Queremos poder actuar sin temor a ser juzgadas.
Queremos sentirnos libres, tan libres cómo para que la largura de nuestra falda no nos etiquete.
Mujeres, respetemonos entre nosotras. No juzgemos el comportamiento ajeno, no es 'puta' por ser libre. Tampoco por vivir sin verse limitada por vuestros incoherentes juicios.
No tiremos piedras sobre nuestro propio tejado.
Cuándo juzgas a tu compañera por la forma en la que ha decidido encaminar su vida sexual (atribuyendole adjetivos descalificativos cómo guarra) estás desvalorizando la labor feminista. Estás siendo absolutamente machistas.
Muchas veces, inconscientemente nos sometemos al juicio social dejando de ser quién somos por miedo a los insultos.
Yo, soy libre, y voy a seguir subiendo las fotos que quiera, enseñando lo que quiera, porqué me gusta, porqué tengo la libertad de publicar aquello que me guste en una red social. Y todas deberíais hacerlo.
Y a las/los que juzgáis os agradecemos hacer la sociedad un poquito más machista.

domingo, 27 de marzo de 2016

Salto poético temporal.

Cuento los minutos
en un reloj de despacho;
mirando al techo
me regalo
tiempos de otra locura.
Tacho
los días en el calendario.
En un almanaque
de supermercado
en el que te transformas
en cifras.
No sé si poner alguna alarma
para cuando tu voz calma
grite mi sosiego
y yo responda
que te he echado
tanto de menos
como estrellas tiene el cielo,
como piedad, ruego
y miedo, las horas.
Me queda la voz
y nada en los bolsillos
salvo las manos...
Me queda el esperar
que las calientes con las tuyas
y me salves de todo
menos de tus males.
Que guardes todo
menos la distancia.
Me quedan tus pupilas,
una luz
y este poema
al alba.
Cuando cierre los ojos
acompáñame
hasta llegar a tu puerta en sueños,
asegúrate de dejarme tus llaves
cuando yo las pierda.
No vaya a ser
que me quede sin decirte 
que te quiero.

lunes, 21 de marzo de 2016

Nos salvamos.

Aquella tarde de verano
tú no me diste un beso,
sino que venciste los miedos
y te lanzaste al vacío.
Yo tampoco te besé;
yo cogí mi vida
y la dejé en tus manos.
Y aquí estamos,
yo a punto de quebrarme
y tú buscando sonrisas en la calle,
para cosérmelas a los labios.

Aquella tarde de verano
nos dimos las manos
y sin hablar, pactamos
nunca dejarnos caer;
y aquí estamos los dos,
rotos;
juntando los pedazos del otro,
para verle feliz otra vez.

Aquella tarde de verano
me miraste a los ojos
y me desnudaste el alma;
te metiste dentro.
Por favor,
No salgas nunca de aquí.

Quédate mil veranos,
cógeme de la mano
y dime que todo,
saldrá bien.
Acaríciame los defectos
y hazlos tuyos,
para que los abrace
cuando te eche de menos.

Haz conmigo tu verano
mírame,
que saldrá el sol.

Solo quédate,
vida mía,
y sálvame


como aquella tarde de verano.



Métrica magnética.

Un,
dos,
bajas
me subes,
me encuentro,
te pierdo
y te busco
a mi lado.
En el simple
instante
en que susurras:
abres el alma,
cierras los dedos,
rodeando mis manos.
Y siento tus labios
acariciando,
rozando
y apretándome
muy dentro,
donde nadie más
sabe verme.
Murmuras
un sollozo
cálido
y húmedo
contra mi muralla
de porqués.
Me veo sin pensar
en un intento
por permanecer entera.
Por no dejar 
que me rompas.
Y dejo 
de entender
cuánto me quieres
y cuánto te quiero dar.
Todo.
Cierras la puerta,
apagas la luz
y enciendes una cerilla.
Me prendes fuego.
Y empiezas a ver cómo ardo.
La carrera
contrarreloj
y contra la pared
y el colchón
y los miedos
empieza.
No dejes que se acabe
con el último grito.
Quiero que exhales
un poema,
el más bonito
sobre la faz 
de tu cuerpo
bajo el mío.
Permíteme si te digo
que te tengo presente
en mis escondites
más secretos.
Que te pienso
como una canción
de Pink Floyd.
Arte
y placer.
Puro éxtasis.
Una metaforfosis
de las de ahogarse
en gemidos
para volver a nacer.
Una gota
de lluvia
en medio del desierto.
Y yo una lágrima 
en el mar.
Sin embargo
te haces grande
cuando te hallo
las cosquillas
en el cuello.
O donde pidas.
O donde quiera
yo.
Tú.
Nada más
que un resplandor infinito
de un no sé qué
que tan poco
sé explicar
y tampoco
quiero entender.
Constante,
piso
y acelero
tu ritmo cardíaco.
Te leo,
me descubres
nuevas formas
de exprimirme.
No sé 
si hay un límite.
Tengo claro
que lo vamos a buscar
para destrozarlo.