La miro y no entiendo.
Ni la vida,
ni sus reglas,
ni leyes tan absurdas
como que la distancia
más corta
es la línea recta,
a mí que me parece que el horizonte
se perfila en sus curvas.
Y está
y dejo de tener prisa,
freno las ganas por desatarla
de estas cadenas cristal
y esos ojos lagrimal
que ahogan su alma en caricias.
Tiene un nombre que suena
como a tapiz de seda en noche de verano
y huele
como se respiran las cárceles de arena,
con dulzura implacable
como temiendo romperla,
y huele a fruta exótica,
a Marrakech o a la India
o a mis sábanas en pleno agosto
cuando su luz púrpura me irradia
y se desgañita
en miles de colores
como el disco de Pink Floyd
que tanto le gustaba.
No sé cómo explicarlo
pero cuando se acerca
un temblor perturbador me paraliza
y siento una necesidad irrevocable
de cubrirla de adjetivos
y todos empiezan por i
porque ella ha nacido negando
y ha vivido ella nadando
siempre a contracorriente.
Es mi vuelta a casa
y tanto hogar que a veces asusta,
como un temor infantil
a que guarde el monstruo bajo los pies,
pero echa a volar y se me pasa,
y sonríe
y abre todas las ventanas
y es ahí cuando me fijo
que lleva todos los deseos colgados en las pestañas
como arrastrando un porqué suicida
que persigue el tacto de sus mejillas
o evaporarse
en un primer pestañeo.
Y esconde besos en hoyuelos
aunque a veces desaparecen
como pidiendo a gritos
ese erizar de la piel
que consiga devolver su risa
al desierto.
Sueño todavía con su piel desnuda
y ese rostro afilado apuñalándome las dudas
a un contraluz desmembrado
por mi puto miedo a las alturas
que se perdía en su tacto,
y ahora no sé qué hacer con tanto impacto
si parece que todos los rascacielos
llevan tatuado su brillo,
si parece que los aviones
vuelan enredándose en su pelo,
si de todas esas nubes
son sus lágrimas las que llueven,
las que siempre terminan
estrellándome contra el suelo,
y sueño también que dibujo
los retazos en su espalda de un corazón enjaulado
y una libertad elegida
que toma forma al recorrerla
como si fuese a contrarreloj
y sonase en su pecho la taquicardia en carrera
y se interrupiese entonces ese instante
porque es ella quien llama a la puerta
y ella nunca llega tarde.
Tiene el cuerpo lleno de lunares,
parecen constelaciones
o estrellas fugaces,
he probado a pedir deseos
ahora que la noto lejos
pero nunca vuelve,
ni llama a mi puerta;
soy yo quien llega tarde.
Pero hablemos de ella
y de cómo pinta esperanza
con sus pies en la hierba
y baila
con una prontitud tardía
y parece que es el mundo quien se inclina
cada vez que mueve las caderas
y habla
y podría inventarse las palabras
y su voz es un manantial
de carcajadas,
de infancia,
de luna llena.
Y ahora su recuerdo se me escapa
cada vez que intento reubicarme
y un temblor en mí estalla
cuando ella camina inevitable.
Me duelen las uñas de intentar retenerla
y se me quedan dormidos los párpados
y parece que el mundo está callado
desde que todas mis aceras
han dejado
de oír sus pasos.
Fotografía: Victoria Santos
He vuelto.
miércoles, 31 de mayo de 2017
miércoles, 15 de marzo de 2017
Prisma de luz.
Cuando me llenan los porquéste imagino
como pequeños cristales llenos de gritos
que atraviesan la paz
donde escondo mis silencios,
como prismas llenos de luz
que destierran la oscuridad,
como espejos que reflejan las grietas arco iris
que dejas al pasear tus dedos por las cicatrices,
como el olor del verano colándose entre las pestañas,
como lluvia de sol que estalla en una piel helada.
Te imagino siendo melodía en labios del viento,
como caricia entre brisas de cariño,
como marea que golpea la calma
inquebrantable que es tu risa,
como gota de rocío en la punta de una lengua de arena
perdida
en la inconstancia del desierto.
Imagino dibujarte
como línea hecha de lágrimas al borde del abismo,
como instante que se pierde entre el humo del olvido,
como abrazo cálido de miradas cuando se cruzan,
como el sonido de una puerta abierta
donde para ti estaré detrás,
como escondite donde refugiar tormentas,
como el vaho frío que se derrite en tu pecho,
como el sincericidio al decirte que temo verte marchar
y verte llegar
y no saber explicar
esta revolución de tristes en un pozo de esperanza;
todo lo que siento cuando te miro.
lunes, 6 de marzo de 2017
Alma de ángel.
Te pido que vengas
y traigas el alma desnuda,
la piel poblada de silencio
y los ojos de gritos que estallan.
Suplico tu voz en mi oído
como cadencia de dulzura constante
llorando ojalás dormidos,
que recorras con tus miedos
cada estrella de tu cielo
que llevas impresa en los lunares.
Yo me rendiré a tus pies
anhelando ser ruido que calzas,
sin suplir el hueco que aquí dejas
cada vez que abres las alas.
Yo me quedaré en la nieve
buscando derretir el hielo
con el fuego
que retienes en la punta de la lengua.
Yo me guiaré entre los grises
de este mundo ensombrecido
con la luz que en mí se enciende
siempre que tú me abrazas.
Eres ángel que sin haber caído
ha dejado ardiente
un corazón muerto
de
frío.
y traigas el alma desnuda,
la piel poblada de silencio
y los ojos de gritos que estallan.
Suplico tu voz en mi oído
como cadencia de dulzura constante
llorando ojalás dormidos,
que recorras con tus miedos
cada estrella de tu cielo
que llevas impresa en los lunares.
Yo me rendiré a tus pies
anhelando ser ruido que calzas,
sin suplir el hueco que aquí dejas
cada vez que abres las alas.
Yo me quedaré en la nieve
buscando derretir el hielo
con el fuego
que retienes en la punta de la lengua.
Yo me guiaré entre los grises
de este mundo ensombrecido
con la luz que en mí se enciende
siempre que tú me abrazas.
Eres ángel que sin haber caído
ha dejado ardiente
un corazón muerto
de
frío.
miércoles, 1 de marzo de 2017
Costura a tus alas rotas.
Al cerrar la puerta,
podría callar las veces que hablas,
amar tu silencio poco a poco.
Vaciar por la ventana la tristeza
y sentir la lluvia entre las sábanas.
Convivir entre montañas húmedas
de océanos que bañan tus pestañas,
orillas huérfanas de playa
que infestan tus sueños más profundos.
Podría llamarte en susurros,
pronunciar tu nombre como el sonido sordo
de los dedos arañando este desorden.
Arrancarte uno a uno los puñals,
liberarte de condena cortando tus cadenas,
desgarrarte la pena tragando cristales.
Pero quererte
es plantar las raíces en tierra prometida,
es arraigar tus finales, tus principios,
y dejar cuanto conoces que te ate al precipicio
del miedo
para dejarte caer,
no sé qué sentido puede tener
prohibirle el vuelo al alma de viento
que te enamoró al sentir su roce.
podría callar las veces que hablas,
amar tu silencio poco a poco.
Vaciar por la ventana la tristeza
y sentir la lluvia entre las sábanas.
Convivir entre montañas húmedas
de océanos que bañan tus pestañas,
orillas huérfanas de playa
que infestan tus sueños más profundos.
Podría llamarte en susurros,
pronunciar tu nombre como el sonido sordo
de los dedos arañando este desorden.
Arrancarte uno a uno los puñals,
liberarte de condena cortando tus cadenas,
desgarrarte la pena tragando cristales.
Pero quererte
es plantar las raíces en tierra prometida,
es arraigar tus finales, tus principios,
y dejar cuanto conoces que te ate al precipicio
del miedo
para dejarte caer,
no sé qué sentido puede tener
prohibirle el vuelo al alma de viento
que te enamoró al sentir su roce.
lunes, 20 de febrero de 2017
Todo en ti es incendio.
Es domingo fuera,
hay olor a viento usado en las aceras,
miradas nubladas de nostalgia.
Ojalá estuvieras
aquí.
La distancia me corre en las mejillas,
me recorre un hormigueo por la espalda,
hace frío. Duele el alma.
Camino perdida entre los pasos,
no hay sinsentido que me acerque a ti.
Mis pupilas te buscan. Van cayendo
al precipicio insalvable de tu recuerdo
y al ojalá vacío que llenas con tu ausencia.
Mastico el tiempo con la voracidad con que tu voz entra en mis venas
y me inunda el pecho el volverte a sentir.
Eres tanta puta primavera
que me rompe los esquemas
verte hecho invierno,
tú que llenaste de flores mi jardín,
tú que prendiste vida en esta tierra
donde antes solo había infierno.
Tú que poblaste de ganas
los excesos de sequía.
Tú que eres mi fuego,
quién cojones puede intentar apagarte.
Es domingo fuera.
Pero dentro,
dentro de ti hay incendio.
Déjame avivarte.
hay olor a viento usado en las aceras,
miradas nubladas de nostalgia.
Ojalá estuvieras
aquí.
La distancia me corre en las mejillas,
me recorre un hormigueo por la espalda,
hace frío. Duele el alma.
Camino perdida entre los pasos,
no hay sinsentido que me acerque a ti.
Mis pupilas te buscan. Van cayendo
al precipicio insalvable de tu recuerdo
y al ojalá vacío que llenas con tu ausencia.
Mastico el tiempo con la voracidad con que tu voz entra en mis venas
y me inunda el pecho el volverte a sentir.
Eres tanta puta primavera
que me rompe los esquemas
verte hecho invierno,
tú que llenaste de flores mi jardín,
tú que prendiste vida en esta tierra
donde antes solo había infierno.
Tú que poblaste de ganas
los excesos de sequía.
Tú que eres mi fuego,
quién cojones puede intentar apagarte.
Es domingo fuera.
Pero dentro,
dentro de ti hay incendio.
Déjame avivarte.
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