miércoles, 16 de diciembre de 2015

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Sabes lo mucho que me gusta que me estrujes,
eso de qué cuándo te acercas siento algo en mi estómago.
Que cuándo me tocas me quema el pecho,
y cuándo me besas.
Cuándo me besas me falta el aire para lanzarme al vacío,
y me sobra el cielo, para volar.
Eso de qué no quiero que me des alas,
si no me agarras la mano y me prometes que no va a doler el golpe.
Que no quiero sonrisas si no soy tu puto motivo,
ni bailes agarrados si no es a mi cintura,
eso de qué, joder, te echo de menos.
Todavía no he encontrado la manera de sonreír,
si no lo haces tú a medio centímetro.
Que todavía no he encontrado unos ojos que me enciendan tanto,
ni que apacigüen tanto, mis miedos.
Sabes lo mucho que me gusta que me cojas la mano,
que me cantes nuestra canción, al oído.
Que me jures que será nuestra, por siempre.
Que prometas, sin tener ni idea de lo que deparará el futuro.
Pero también odio cuándo sonríes, y no es por mí,
o cuándo bailas, y no es conmigo.
Que también odio verte querer a personas más que lo que podrás llegar a quererme a mí.
Pero menos de lo que yo lo hago.
Que me rompe la distancia,
tu puta manía de no querer hacerme feliz. Y mira que es fácil.
Me rompe no saber hacer poesía,
desde la rabia.
Desde esperar un mensaje tuyo, aporreando las teclas del ordenador.
Desde que es viernes, pasa de la madrugada y no puedo dormir sin tus jodidas y poco sinceras buenas noches.
Que necesito que me necesites,
que no puedo vivir con este dolor en el pecho.
Con este dolor en los labios,
porqué los besos no son tuyos.
Ni míos son, porque no los siento.
Que la música no es mía,
que la canción no es nuestra.
Y que nunca, joder, nunca vamos a bailar mientras me agarras de la cintura y me juras un para siempre.
Que no hay calor,
que estamos helados.
Que no seré yo quién te derrita,
que no seré yo quién te haga feliz.
Que no seré la nota de ninguna canción que te guste,
ni pondrás mi nombre a un verso de cualquier poeta.
Que no podré romper el ruido con besos,
ni los silencios con palabras llenas.
 

sábado, 12 de diciembre de 2015

Que aquí quede el dolor.

Hoy. Que el pánico cubre mis pestañas al tocarse. Que el recuerdo me golpea a martillazos y me duelen tanto tus palabras.
Decidí atrasar las horas hasta cuando podía ocultarme entre tus brazos. Hasta cuando podías ser mi confidente de silencios inoportunos. Retrasé el momento de hacerme a la idea hasta que puedas encontrar en mis pupilas el tiro certero que acabe conmigo.
Guardo una bala en la recámara de mis ojos, con la etiqueta de: en caso de incendio, aprieta el gatillo.
El problema es que ya no hay incendio. Solo humo que no me deja respirar.
Quise pensar en cuánta falta me haces. En cómo necesito tu sonrisa partida encajando en mis labios. Y que me muerdas porque no puedes resistir compensar el cariño que me das.
Cuánto quiero que me abraces. Que me sujetes y me rompas. Y me hagas, me crees, me deshagas y luego soples. Y consigas que me evada y olvide cuánto necesito olvidarte. Y recordarte otra vez. Y sonría. Tan fuerte y tan sincero que nada pueda hacerme daño; aunque solo tenga tu recuerdo para taparme del miedo.
Pase lo que pase.
Aunque ahora todo me arranque la piel. Todo me duela.
Ha pasado que cada vez anochece antes. Y ahora el frío quema más que nunca.
Si no quieres, no vuelvas. Y déjame ser yo.
O ven. Vuelve. Y haz que sea yo.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

¡vuelve!







de las horas que te debo de cosquillas:




En nada el único dolor que sentirás será el de cabeza por la resaca de una noche memorable.
El de los labios por una mordida y el de tus mejillas por tanto sonreír.
En nada volverás a estar sufriendo por otra persona, o tal vez no, tal vez estés viviendo la mejor aventura de tu vida.
Tengo una teoría; a la cuarta va la vencida.
Demasiados intentos fallidos, díficil recuperar las piezas de tu corazón en el incendio.
Quiero que sepas, que en nada llegará alguien dispuesto a arder con tal de recuperarte. O dispuesto a quererte así cómo estás; rota, sin miedo a cortarse con tus vértices.
En nada, volverá agosto y él no estará. Y no importará. Serás capaz de buscarlo y decirle lo mucho que lo quisiste, que quizás lo sigas haciendo, pero que eso no le da el derecho a joderte la vida. Y sonreirás. Con esa sonrisa tan desgraciadamente bonita que tienes. Y yo te estaré mirando desde el otro lado del mar.
Joder, deseando poder disecar mil océanos para tenerte entre mis brazos y decirte lo mucho que te mereces ser feliz.
Tengo también otra teoría, las mejores personas esconden las peores historias.
Sé que es tu caso, sé que no serías capaz de hacerle daño a nadie por miedo a que pasen por lo que tu has pasado.
Lo has vivido todo, de una forma especial.
Siempre llenando de arte hasta los recodos más oscuros de tu pensar. No hay ni un solo lugar que no pueda inundar tu luz.
En nada, se acabará el mojar la almohada cada noche por humedecerte los labios cada vez que lo ves pasar mientras lo sigues con la mirada.
Y deseo que se gire, te mire y te guiñe un ojo, cómo solo él sabe hacerlo. Cómo solo tu querrías que lo hiciera.
Te aseguro que todo esto tiene un porqué, que los días buenos serán incluso mejores a la luz de unos ojos que han pasado por las peores desgracias.
Que no tengo un máster en amor, ni el título de poeta para corazones rotos, pero que él ver tus ojos apagados me obliga a sacar todo lo que encuentre con tal de hacerlos brillar otra vez.
No sé nada de la vida, tal vez menos que tú, pero oye, que a vivir se aprende viviéndo, y aquí estamos; yo quiero hacerlo a tu lado.
Quiero pasar los mejores, peores, aún mejores y incluso peores momentos contigo. Y hacerlos todos lo más buenos que pueda.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Tiembla

Se cierra, una etapa.
Se abren las alas, se apaga el dolor,
que empiece a sonar la orquesta de la vida.
Preparados, no sé listos,
más bien imbéciles, demasiado jóvenes.
Tengo mis ojos en el cielo,
mis manos en tu pelo.
Tengo los pies quietos pero estoy corriendo.
Dime, quién va a salvar mis mañanas sino tu,
quién va a recuperar mis esperanzas sino tú,
quién va a alzar su bandera,
quién va a divisar tierra conmigo y salvarme de la tormenta.
Sigo confiando en el destino,
sigo creyendo que estará a mi favor y me dejará desaparecer sin dejar huella.
No hay manera de volver atrás,
de hacerme valer desde un principio.
Demasiado imbéciles, repito.
Los precipicios se me hacen hoy pequeños,
comparándolos con verte cerrar los ojos sin darme las buenas noches.
Quiero volver a jugar al escondite en tus pupilas,
ver arrebolar en tus mejillas,
anochecer en tu regazo.
Volver a mí misma, celebrar la vida.
Olvidarme de todos menos de ti,
quiero desatar tus dragones, dejarlos quemar mi pecho,
quiero que ardas conmigo en este infierno.
Quiero ahogarme contigo en el océano.
Demasiado imbécil; ahogándome en mis propias lágrimas.
Si quieres, puedo invitarte hacer equilibrio en mi sur,
cuándo pierdas el norte.
A navegar en mi saliva,
aterrizar en mis lunares.
O perderme en tus pecas.
porqué quiero salvarte de la tormenta.
De mi tormenta.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Carcajadas

Mantengo mi cabeza ocupada imaginando mil inicios,
y recordando un final que duele demasiado. 
Mantengo los ojos fijos en la carretera para contener las lágrimas. 
Yo nunca he sabido ser feliz, 
me faltan años y me sobran decepciones. 
Tampoco he sabido rimar, 
pero no importa. 
Yo solo estoy aquí sentada escribiendo 
para poder resucitar, 
para que alguien que se sienta cómo yo, 
pueda resucitar. 
Para que te sueltes el pelo y te pintes los labios de rojo, 
para que vuelvas a enseñar los dientes y la campanilla, 
en cada carcajada. 
Para que te des cuenta de que la poesía no tiene normas, 
ni medida, 
porqué los sentimientos son inmedibles, 
porqué el arte es inmedible. 
Porqué la vida que da la poesía, o viceversa, 
no es matemática. 
Los mil inicios que mantienen ocupada mi cabeza, 
no dejan de ser finales. 
Funerales del dolor en un pecho ajeno, 
de la tristeza de una almohada ajena. 
De besos en labios ajenos porqué en los míos no caben tantos versos. 
De quebraduras en corazones que no son míos, 
y nostalgia almas desconocidas. 
De precipicios y miedos, 
de eso sé demasiado. 
De perder la cabeza por alguien que ha perdido las ganas, 
de perderse a uno mismo buscando nuestra otra mitad.
De escuchar el silencio y colorear la oscuridad, 
de flores no sé mucho,
nunca nadie me creyó lo suficientemente muerta cómo para traerme flores, 
cómo sino, que el amor no entiende de pétalos. 
Sólo tu boca entiende de pétalos, cómo sino...