domingo, 22 de noviembre de 2015

Un par de medias.

Unos ojos cerrados
que se mueven bajo los párpados
buscando la luz.

Una voz tenue 
y rota como las medias que lleva
una niña bajo la falda del uniforme;
que en plena carrera
se suma el cuento chino
de la Cenicienta...
para romperse más.

Quizás no es todo 
quien mueve los hilos,
sino quien los engancha
y tira del indicado,
y provoca una herida abierta
muy difícil de coser.
Mejor cogerlas
y a la basura.
Nos quedan
muchas más medias
por poner.

Un calor sincero
que al evocarse el recuerdo
de una boca
cae como un balazo
en pecho izquierdo.
Como un infarto
o taquicardia
y un agujero
en otro par de medias.

Y de nada sirven 
los remiendos
cuando las piernas se encaprichan
del suelo que pisan
y la astilla que las atrapa.

Ni la poesía sirve
para darle un par de puntadas
o unos puntos
suspensivos
al cuento chino
de las medias estropeadas
de otra Cenicienta estúpida
cuando se enamora
de un trozo roto 
de cristal.

sábado, 21 de noviembre de 2015

poesía

Esto no es poesía, eso pensarás.
Tal vez no lo sea.
Es un verso escrito en un papel al borde del precipicio.
Es la consecuencia de haber querido tanto y tan poco correspondido.
Esto no es poesía, te atreverás a negar.
Aún sabiendo que son más de las cinco de la mañana y solo una vela alumbra mis rimas,
yo no quiero que sea poesía.
Quiero que sea retrato del alma, espejo de tus ojos.
Quiero evadirme del mundo, refugiarme en un suspiro tuyo.
Esconderme entre tus dientes cuándo sonríes.
Dime tu si eso no es poesía.
Que mas poesía que cuándo pestañas, cuándo me miras; que más poesía.
Dime tú, si tanto sabes de rimar, que diablos puede ser más bonito que tu boca. Que puede ser más sutil y suave que tus labios, cuándo me besas.
Dime si hay algo más dificil que ver tu portal por el espejo de mi retrovisor, verte desaparecer, y empezar a echarte de menos.
Si tanto sabes de letras, explícame sobre el brillo de tus pupilas cuándo te canto las de tu canción favorita.
Explícame sobre esa dulzura tuya que todo lo domina, sobre tu risa infantil, explícame sobre tu saliva, que tiene el poder de cerrar todas y cada una de mis heridas.
Si tanto sabes de luz, explícame cómo pudiste encontrarme entre tanta oscuridad y dejar que me perdiera.
Explícame eso de que nunca he conocido a nadie que sea capaz de llenar con la esencia correcta mis vacíos. Eso de que podré olvidarte, pero nunca cómo me hiciste sentir.
Dime; si esto no es poesía ¿cómo escribiré?
Sino eres tu la inspiración ¿cómo escribiré?
Si te decantas por marcharte...¿cómo escribiré...?
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jueves, 19 de noviembre de 2015

Esto no es poesía

Supongo, que al pasar el tiempo, pasan las personas, pasan los estados emocionales, pasan, delante de nuestros ojos, cómo trenes, cómo haces de luz.
Creo que si hace un año hubiera descrito cómo me imaginaría pasados 365 días nada habría coincidido con la realidad. No sé si para bien, o para mal. Pero creo que mi yo pasado jamás podría verse sintiendo cosas que ahora yo soy capaz de sentir.
Supongo, que pasado otro año muchas más cosas habrán cambiado. Hoy no quiero pensar en el futuro. Es algo impredecible e imparable.
Sólo quiero pensar en esos pequeños cambios que marcan la diferencia.
He pasado muy buenos momentos en mi vida que no he sabido valorar.
Creo que hasta que no maduras no puedes llegar a sentir de verdad.
Hoy sé, tras haber vivido malos momentos, que la vida está llena de cosas hermosas pero estamos más preocupados por aquellas cosas oscuras y dañinas.
Hoy soy capaz de escribir cosas que antes no podría escribir.
Soy capaz de enfrentarme al mundo, he ganado seguridad y he perdido vergüenza. Me pongo a prueba día a día. Y soy capaz de agradecerle a esas personas que me han hecho daño todo lo que hoy sé, es gracias a ellos.
Creo que aún me queda muchísimo por hacer, por sentir, por vivir.
Que me queda muchísimo que sufrir. Vendrán tiempos peores y me enteraré de cómo es que te rompan el corazón de verdad.
Hoy las balas no me duelen. Al fin y al cabo, soy yo la que decido si aprieto o no el gatillo.
La poesía me ha ayudado a salir del pozo sin fondo que yo misma excavé.
Cada mes tengo una opinión más formada y más profunda, es algo que yo puedo notar. Ya no tengo miedo a sonreír. Sonríamos todos. Ni a llorar cuándo lo necesito.
Estoy esperando nuevas experiencias, nuevas personas, sé que volveré a pasarlo mal, y entonces, me gustaría leer esto y pensar en lo bonita que puede ser la vida si te lo propones.
Viva el cambio.
Viva la fortaleza y las personas que tiran piedras con las que estoy construyendo mis murallas.
Hoy brindemos por el pasado, por lo que vendrá, y sobretodo, sobretodo, ¡por lo que a día de hoy tenemos!
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martes, 17 de noviembre de 2015

Para dormir cuando no estés.

"Me contó la forma de abrazarte
y que no me queme la piel.
Me explicó el secreto
para dormir cuando no estés.
(...)
Tengo que alejarme de los monstruos
que no me han dejado ver.
Tengo que romperme en mil pedazos
otra vez, otra vez, otra vez...
para dormir cuando no estés." Supersubmarina

Para dormir cuando no estés necesito que me enseñes a recrearte. A conocer cada punto del mapa que nunca has querido mostrarme. A recorrer de memoria la línea del tiempo que separa mi cuerpo del tuyo. Necesito que me enseñes a decir que no a las tentaciones; a las ganas de llamarte para escuchar tu voz, a las ganas de que me derribes, de sentir el poder demoledor de tu garganta al son de mis caderas.
Para dormir cuando no estés he de callar a los miedos, todo aquello que se esconde, cuando lo pinto todo de negro. Cuando apagas la luz.

Y destrozarme la voz gritando hacia dentro que quiero que vuelvas.

Y recordar tu silencio cuando la locura me invada. Tu poema silente que tanto me gusta.

Tengo que alejarme de los recovecos que no consiga entender sola. De los lugares y recuerdos que hagan flaquear mis piernas. No podría ponerme en pie solo con la pluma manchada de tinta que uso a modo de bastón cuando me faltas. Agacharme y evitar a la nostalgia que quiera invadirme para partir mi alma en dos. O en tres. Y que dos partes sean tuyas.

Espero que no sea tan duro pensar sin la cascada que es tu risa en la piel que se está perdiendo tu tacto. En las farolas que no están despreciando su condición de objeto. En las luces que pestañean al ritmo al que lo hace la noche.

Y acelerar el tiempo simplemente a caricias que me acerquen a tus pensamientos. Que evoquen la más pura oniria de este sucio juego en el que vas ganando. La partida que abandonaste en la huída conmigo de la mano.

A ti, que eres un candil en mitad de una noche inspirada, que me provoca ceguera y latir en el corazón, solamente te pido que mires debajo de la cama y dentro del armario antes de irte.
No quiero encontrarme ningún monstruo que me desvele del insomnio, cuando pretenda dormir y no estés.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Carta de olvido


Recuerdas que  yo fui capaz de quererte, aún sin saber cómo.
Que contigo aprendí a olvidar lo que hasta el momento había aprendido, y ahora eres tu a quién tengo que olvidar.
Recuerdas que te dije que yo no me enamoro,
que soy de hielo, que soy de piedra.
Te mentí, en verdad soy tan débil cómo el hielo bajo el calor de los dedos correctos.
Los tuyos, podían derretir hasta el recodo más frío de mi persona.
Ahora estoy hecha agua, agua salada de las lágrimas que me consumen cuándo te pienso, cuándo te añoro.
Recuerdas nuestro primer beso, ¿verdad?
Fue espontáneo y torpe. Cómo la lluvia en verano, cómo la lluvia que caló nuestros huesos aquella tarde de agosto.
No sé cómo recomponerme, siento que quiero a alguien sin llegar a conocerlo.
Eres un misterio. Y, por desgracia, yo no tengo la llave de tu pecho para dejar escapar las primaveras que escondes dentro.
Juré no volver a hablar de ti.
Así qué, esta será mi última carta. Pongo punto y final a esta historia.
Te quiero, recuérdalo. No sé cuánto, ni por cuánto. No sé hasta cuando te querré, ni si seré capaz de querer después de haberte querido tanto. Pero hoy lo hago, ahora mismo lo estoy haciendo, gracias por enseñarme a hacerlo. Te quiero.
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