I don't want to change you-Damien Rice
Situación.
Tu mayor momento de debilidad.
Pregúntate si hay una mano al otro lado del cristal, esperando agarrar la tuya para no volver a dejarte marchar. Alguien que se arrepienta por no haberte hecho sonreír cada instante. Unos ojos que lamenten tus lágrimas, que sientan dolor al verte sufrir.
Mientras tú desgarras tu piel de tanto rezar de rodillas, mientras tus oídos sangran de tantos gritos, de tantos golpes.
Mientras tu boca adquiere ese sabor oxidado, mientras tus labios ya no son ese lugar donde se acababa la desdicha. Cuando un mal anida en ti, cuando el miedo es interno.
Piensa en si esa persona está mientras caes, o si aparece cuando ya estás en el suelo, cuando tus extremidades tiemblan.
Cuando tu expresión cambia por completo. Cuando tu silencio duele tanto como un puñal que se hunde en la piel. Ese silencio que antes tanto anhelabas, esos susurros de cálidos vientos salvajes, de atardeceres bajo un mismo cielo.
Mientras esas lágrimas caen, como gotas de lluvia en el cristal. Golpeando, suaves, sus últimas confesiones. Durante esos instantes en los que pueden pedir ayuda.
Cuando ese dolor aflora, cuando tu piel ya no se eriza, cuando tu corazón se para. Cuando sus dedos ya no te resucitan, o quizás no lo intentan.
Si sus manos no están para sujetarte cuando desfalleces,
¿quién llorará tu ausencia?
viernes, 20 de marzo de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
el poeta que dejaba cartas debajo de la cama de su amada.
Maulla como un gato.
Melancólico en la noche oscura que cae.
Prometió no volver a hacerlo.
Pero allí estaba, bajo su balcón.
Con una cerveza vacía en la mano y una ahora colilla pendiendo de sus labios.
El ramo de rosas ya se había marchitado con la lluvia, y los acordes rasgados de su guitarra habían quedado ahuecados por las gotas de agua en la carretera.
Y pasaban coches, luces frenéticas de un segundo en la oscuridad, y rabeaban los sentimientos en su cabeza como tiburones.
Y arrancaba su piel la certeza, de que segundos atrás o adelante lo arriesga todo.
Posdatas volando, como su propia Cenicienta, como su propia película dramática.
Maulla como un gato.
Lloraba casi con desconsuelo.
Porque su consuelo estaba durmiendo.
Y el allí, en el balcón como un imbécil, intentando escribir rimas en un avión de papel.
Estúpida gracia la del poeta, incitado a quemar las llemas de sus dedos acariciando el viento a falta de su pelo.
Estúpido el que consiguió que su nombre rimara con amor.
Y arrojados los sentimientos en la arena, que se lleve el mar mi pasión y mi empatía.
Que se lleve al guitarrista de tu balcón.
Al poeta de tu tejado.
Que se lleve mi dolor eterno.
Como un catarro en el pecho.
"Quiero que seas mi única excepción, aquello que me empuje a hacer cualquier locura,
que seas mi sombra, que dibujes en mi piel el rastro de tus besos y que me mates antes de darme este desconsuelo, porque quiero que seas mi única...
"
sábado, 14 de marzo de 2015
Pétalos impares
Margaritas con pétalos
impares.
Y una mano orgullosa que
las arranca.¿Algo que demostrar?
Mucho tiempo sin escribir y
nada más que decir.
Que no rima por más que
siga tecleando;
pero me está recordando a
ti...
Un lugar con toques de
carmín,
y entre tus labios una
palabra que susurra
¿Aún sigues intentando
fingir?
El amanecer que sueña,
lentamente torturándome
Mientras sonríes sin darme
tiempo a respirar,
mientras te miro sin nada
que añadir,
mientras me miras y continúo
escuchando
ese silencio que me amarga y
me agita,
que me inunda en este
sinvivir.
Mientras tus ojos no
encuentran consuelo
de dulzura alguna, más allá
de aquí,
de este hueco en medio del
miedo,
en medio de todo y de un
poco más.
Cuando quizás nos estemos
confundiendo
al pensar que pronto
avistaremos el fin.
Y es el inicio de este
momento
que tal vez no debiéramos
volver a escribir.
El momento donde cada
recuerdo
y cada palabra que en otro
instante añadí,
convertía la lluvia en
lágrimas
y al sol simplemente en
calor.
En este absurdo rincón infantil,
al que quizás jamás volveré,
te pido que vuelvas a mí.
lunes, 9 de marzo de 2015
tiempo de vida
Estimado paciente;
escúchame mientras lees
Le comunico que su vida se está acabando.
Toda la mierda de su alrededor conseguirá acabar con usted.
Calculo que le quedan a usted aproximadamente cincuenta años.
Cincuenta años parece mucho.
Pero con ese modo de vida que lleva deseara morir, y morirá, en la monotonía.
Le receto a usted una dosis de impaciencia.
Una pastilla de furia.
Una cápsula de inocencia.
También mil litros del jarabe de la libertad.
Le escribiré una inyección de seguridad cada mañana.
Le ruego que ingiera una pizca de locura espontánea después de cada comida.
Y cuando empiece a anochecer una jeringuilla de ilusión.
Y si con esto no llega es que ya está usted muerto.
escúchame mientras lees
Le comunico que su vida se está acabando.
Toda la mierda de su alrededor conseguirá acabar con usted.
Calculo que le quedan a usted aproximadamente cincuenta años.
Cincuenta años parece mucho.
Pero con ese modo de vida que lleva deseara morir, y morirá, en la monotonía.
Le receto a usted una dosis de impaciencia.
Una pastilla de furia.
Una cápsula de inocencia.
También mil litros del jarabe de la libertad.
Le escribiré una inyección de seguridad cada mañana.
Le ruego que ingiera una pizca de locura espontánea después de cada comida.
Y cuando empiece a anochecer una jeringuilla de ilusión.
Y si con esto no llega es que ya está usted muerto.
domingo, 8 de marzo de 2015
La bailarina frustrada
Limpiaba con esmero el suelo de aquel estudio de danza.
El sudor impregnaba el ambiente, pero no era un olor desagradable.
No era más que el olor de haber sentido, saltado, corrido en cada segundo de música.
Las bailarinas subían a sus puntas, bajaban, doblaban sus pies de una manera sobrenatural, haciendo caso omiso de la presencia silenciosa de la limpiadora.
Y es que, ¿le iba a importar a esos elegantes cisnes un patito feo?
Ella hubiera querido ser como ellas.
Ella lo hubiera sentido tanto como ellas.
Pero era una vocación frustrada.
Un día como aquel, hacía años se había dicho "trabajaré en algo relacionado con la danza".
Y no podía rechistar, porque lo estaba haciendo.
Pero no como imaginó.
Por eso pasaba la fregona, sin levantar la cabeza.
Frustrada pero sin frustrar.
Con la dignidad por los suelos por no haber luchado.
Y con el miedo de pensar que moriría limpiando esos suelos en los que otras estarían cumpliendo su sueño.
Cumpliendo su sueño.
A diferencia de ella.

PD; hemos puesto algunas fotos nuestras, podéis verlas aquí para conocernos mejor.
El sudor impregnaba el ambiente, pero no era un olor desagradable.
No era más que el olor de haber sentido, saltado, corrido en cada segundo de música.
Las bailarinas subían a sus puntas, bajaban, doblaban sus pies de una manera sobrenatural, haciendo caso omiso de la presencia silenciosa de la limpiadora.
Y es que, ¿le iba a importar a esos elegantes cisnes un patito feo?
Ella hubiera querido ser como ellas.
Ella lo hubiera sentido tanto como ellas.
Pero era una vocación frustrada.
Un día como aquel, hacía años se había dicho "trabajaré en algo relacionado con la danza".
Y no podía rechistar, porque lo estaba haciendo.
Pero no como imaginó.
Por eso pasaba la fregona, sin levantar la cabeza.
Frustrada pero sin frustrar.
Con la dignidad por los suelos por no haber luchado.
Y con el miedo de pensar que moriría limpiando esos suelos en los que otras estarían cumpliendo su sueño.
Cumpliendo su sueño.
A diferencia de ella.
PD; hemos puesto algunas fotos nuestras, podéis verlas aquí para conocernos mejor.
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