sábado, 14 de marzo de 2015

Pétalos impares


Margaritas con pétalos impares.
Y una mano orgullosa que las arranca.
¿Algo que demostrar?


Mucho tiempo sin escribir y nada más que decir.
Que no rima por más que siga tecleando;
pero me está recordando a ti...
Un lugar con toques de carmín,
y entre tus labios una palabra que susurra
¿Aún sigues intentando fingir?
El amanecer que sueña, lentamente torturándome
Mientras sonríes sin darme tiempo a respirar,
mientras te miro sin nada que añadir,
mientras me miras y continúo escuchando
ese silencio que me amarga y me agita,
que me inunda en este sinvivir.
Mientras tus ojos no encuentran consuelo
de dulzura alguna, más allá de aquí,
de este hueco en medio del miedo,
en medio de todo y de un poco más.
Cuando quizás nos estemos confundiendo
al pensar que pronto avistaremos el fin.
Y es el inicio de este momento
que tal vez no debiéramos volver a escribir.
El momento donde cada recuerdo
y cada palabra que en otro instante añadí,
convertía la lluvia en lágrimas
y al sol simplemente en calor.
En este absurdo rincón infantil,
al que quizás jamás volveré,
te pido que vuelvas a mí.

lunes, 9 de marzo de 2015

tiempo de vida

Estimado paciente;
escúchame mientras lees
Le comunico que su vida se está acabando.
Toda la mierda de su alrededor conseguirá acabar con usted.
Calculo que le quedan a usted aproximadamente cincuenta años.
Cincuenta años parece mucho.
Pero con ese modo de vida que lleva deseara morir, y morirá, en la monotonía.
Le receto a usted una dosis de impaciencia.
Una pastilla de furia.
Una cápsula de inocencia.
También mil litros del jarabe de la libertad.
Le escribiré una inyección de seguridad cada mañana.
Le ruego que ingiera una pizca de locura espontánea después de cada comida.
Y cuando empiece a anochecer una jeringuilla de ilusión.
Y si con esto no llega es que ya está usted muerto.

domingo, 8 de marzo de 2015

La bailarina frustrada

Limpiaba con esmero el suelo de aquel estudio de danza.
El sudor impregnaba el ambiente, pero no era un olor desagradable.
No era más que el olor de haber sentido, saltado, corrido en cada segundo de música.
Las bailarinas subían a sus puntas, bajaban, doblaban sus pies de una manera sobrenatural, haciendo caso omiso de la presencia silenciosa de la limpiadora.
Y es que, ¿le iba a importar a esos elegantes cisnes un patito feo?
Ella hubiera querido ser como ellas.
Ella lo hubiera sentido tanto como ellas.
Pero era una vocación frustrada.
Un día como aquel, hacía años se había dicho "trabajaré en algo relacionado con la danza".
Y no podía rechistar, porque lo estaba haciendo.
Pero no como imaginó.
Por eso pasaba la fregona, sin levantar la cabeza.
Frustrada pero sin frustrar.
Con la dignidad por los suelos por no haber luchado.
Y con el miedo de pensar que moriría limpiando esos suelos en los que otras estarían cumpliendo su sueño.
Cumpliendo su sueño.
A diferencia de ella.

Resultado de imagen de tumblr ballet



PD; hemos puesto algunas fotos nuestras, podéis verlas aquí para conocernos mejor. 

viernes, 6 de marzo de 2015

Amencer


As autoras deste conxunto de relatos somos Susana (click, click), e mais eu. Podedes leer en wattpad o en calquera dos dous blogs. 

¿Leer a primeira parte? Aquí

1.Sinopse:

Unha colección de pequenas historias interconectadas entre sí. Cada historia trata un tema, e esos temas sempre pertencen aos meus maiores medos, aínda que o meu obxectivo sempre é a libre interpretación das historias. Cada unha delas consta de, polo menos, dúas partes, divididas en números romanos. A primeira sempre é un texto inicial no cal se trata o tema no que se falará a continuación no resto de partes, que son a historia en sí. As historias están incompletas, e teñen un final aberto, para deixar que ti, o lector, imaxines esas partes. Porque estas historias, estes medos, estes personaxes, e todo o que sae desta miña cabeciña realmente non me pertence a min, senon que é todo teu, meu lector.

2. Dónde podo lela?

a) No meu blog clicando aquí.

b) En wattpad.


  E cando todo o que tes é
a pel espida, o corazón latexento e roto,
soa e triste mirada vacía,
na sensación estraña pero familiar de soídade,
e con esta mesma  como única compañeira.
Inseguridade percorrendo as costas como calofríos,
sedentos de facer dano.
Abrir feridas.
Encoros de medo deslizándose polas rubias meixalas.
Prexuizos en cuestión.

I


El nerviosismo crecía en su interior y algo se removía. Recordaba aunque no quería, y se estremecía en el acto.
Eran sus ojos los que ardían, en fuego lento y constante. Y quemaban a todo aquel que la avergonzaba.

-¿Me pongo el azul o el rojo?

Antía, tras un breve silencio miró a su amiga al no recibir respuesta.
La encontró despistada, con la mirada y los pensamientos perdidos en un punto más allá que el color del jersey.
Suspiró exasperadamente.
Xela giró la cabeza, solo un poco, hasta que sus ojos se cruzaron y bajó la mirada. Eso era un indicio de que algo le pasaba, no estaba bien. Incluso sus ávidos ojos oscuros lucían más apagados que de costumbre.
Antía dejó a un lado las prendas y se acomodó a su lado.
Le faltó tiempo para ver las pequeñas gotas cristalinas que resbalaban por las mejillas de su amiga.

-¿Estás bien?- le dijo.
Era una pregunta estúpida, cuya respuesta flotaba en el aire. No. No estaba bien, en la estancia faltaban los acordes armónicos de su voz. Así que no. No estaba bien.

El motivo estaba impreso en una parte de su ser, casi sin tinta, como sellado en sus carnes. Imborrable.

Y es qué llevaba horas pensando, dándole vueltas. Pero no sabía como expresar en voz alta todos aquellos miedos que habitaban en su distorsionada mente.

-Vuelvo ahora.- dijo Xela antes de escapar por la puerta.

II

La noche anterior...

El explosivo estaba en sus manos. Lo sabía.
Lo sabía, principalmente, por el hecho ocurrido la noche anterior.
El explosivo era ella.
Nadie más era el problema.
Sus estúpidos conflictos internos desde que aquello ocurrió.
No era más que un inocente destello, En aquel nombre, en aquel carácter que parecía indicar que todo le importaba una mierda. Que así era.
Y mientras tanto, mientras ella lloraba encerrada en una sucia cabina del baño de aquel estúpido local escuchaba sus gritos en la terraza.
Sin embargo, sus lágrimas no se contenían, salían a borbotones de sus ojos, semejando lluvia en abril.
Estaba borracha cuando todo ocurrió. No tenía control de sí misma. Por eso, minutos más tarde, ya calmada lo encontró apoyado en la barandilla del bar, no encontró ni rastro de aquella muchacha de estilo punk con la que tiempo antes ligaba.
Miró dos veces a su al rededor,esa zona estaba vacía a excepción de aquel chico misterioso, por eso, sin pensarlo lo agarró por la melena rubia y plantó su boca entrecerrada en la de el.
Daniel se separó segundos después.
Estaba confuso.
Pero no debido al alcohol, si no a aquella inesperada muestra de atracción.
Al fin y al cabo, a pesar de su mohín melancólico y su aspecto aniñado, Xela no era una joven fea ni mucho menos, bajo su falda de tartán se escondía un físico espledoroso de deportista.
Daniel, tras la confusión inicial se acercó a Xela, que había perdido por completo el autocontrol.
Apenas se estremeció cuando el chico introdujo su mano sudorosa por dentro de su falda y acarició su piel desnuda.
Xela se dejó llevar, el alcohol corría por sus venas, aplastaba sus emociones y su timidez. Dejó que el chico acariciara cada centímetro.
No recordaba nada, tan solo que su amiga había montado en un coche negro y estaba sola con un casi desconocido.
Daniel siguió acariciándola, le hizo sentir como en el cielo, además de adulta y especial.
El chico se puso en pie y tiró de Xela hasta sacarla de aquel local y llevarla a un lugar aún más vacío y oscuro.
¿Es posible percibir el peligro con litros de vodka circulando por tu cuerpo?

III

Amaneció sola, cansada y confusa.
Sobretodo cansada y confusa.
La soledad podría omitirse, porque estaba acompañada por la vergüenza y el miedo.
Prefería no recordar.
Lo prefería, pues llegó a verlo todo con claridad.
No sabía como había llegado hasta su casa. Si por ella fuera habría permanecido allí, toda la noche.
Pero ya más despejada, sentada en el porche se dio de la estupidez que había cometido.
Se limitó a cerrar las ojos y frotarse la cara con el dorso de la mano.
No sabía quien era.
Se había perdido por completo.
Por eso se sumió en la inconsciencia, en la ignorancia, en el olvido del dolor.
El no saber es la mejor forma de no sufrir.
Ella lo sabía. Mejor que nadie.





martes, 3 de marzo de 2015

rebelión

Rebelión.
La ciudad está en llamas. 
Arden los valientes y los cobardes. 
Los que se han atrevido a levantar los brazos y los que han tocado el suelo con sus dedos. 
Cae el muro. Se rompe la batalla. 
Se consume al ritmo lento del fuego cualquier intento de progreso. 
Como ceniza, polvo movido por el viento. 
Se agarran de las manos y caminan en filas. 
Rectos. Como militares. 
Un paso tras otro, no más ambición en la vida. 
Al ritmo lento y constante del fuego. 
Esposados por el miedo. 
Armas que se elevan al viento. Se oyen disparos. 
Yo nisiquiera oigo la voz de mi conciencia. 
¿Qué hago?
La bomba explota y todo tiembla. 
Como hoja seca. 
No tengo frío ni calor. 
No tengo piel. 
Se cae el muro y no tengo nadie a quién abrazar en el otro lado. 
Los robots siguen sin romper la fila. 
Robots con sangre tan caliente como la vida. 
Con mi iyección de rabia. 
Hago crujir mis articulaciones, sonoramente. 
Todo mi cuerpo se mueve de repente recibiendo una orden. 
Un pie adelante y otro atrás y empiezo a correr levantando una nube de polvo...

-¡Corre, chico, corre!

Escucho segundos antes de caer.