No sé como voy a empezar ni terminar esto.
Solo sé que estoy harta de los prejuicios.
Que he sido juzgada en mil ocasiones por un motivo.
Que he sido juzgada en mil ocasiones por un motivo.
Que he perdido la cordura por mantener mi dignidad.
He hecho cosas de las que me arrepiento y siguen recriminándomelas.
Que no puedo cambiar el pasado.
Pero tengo un presente y merezco expectativas de futuro.
Pero tengo un presente y merezco expectativas de futuro.
Tengo miedo, me he creado una burbuja de soledad,
demasiado resistente, tanto que me impide ver el exterior.
Pero no tengo otra cosa que golpes para aquellos que no saben escuchar,
para aquellos superficiales que van a comenzar a odiar,
juzgar, pero se resume en envidiar.
Dañar, ridiculizar.
Una tras otra. En mi interior, se clavan como agujas,
palabras afiladas,
que van haciendo una herida,
cada vez más grande, sangrante, dolor.
Lágrimas como sal en la cicatriz,
y al final, más complejos que un cubo de rubick,
menos defectos que un amanecer de invierno,
pero seguridad cero.
Y un mundo dispuesto a hacernos sentir un puñado de arena,
molidos por las palabras.




