martes, 6 de enero de 2015

to be or not to be.

Trata de ser feliz."

Me decían.

"Olvídalo. A todos ellos. Sé lo que siempre has querido ser."

Me repetían.

"No dejes que te hagan sufrir. Nadie"

Rezaban.

"Que el mundo no te quite la sonrisa"

Me contaban.

"Conseguirás salir adelante, ascender a la superficie."

Y sinceramente, aquí estoy. No sé ni siquiera desde donde escribo, sé que no vivi para contarlo, por decisión propia.

Me fui.

 Ser

  o

No ser.





domingo, 4 de enero de 2015

help, i have done it again...

Sia-Breathe me
Es absurdo y cursi. Lo sé. Pero alienta mi esperanza, ayuda a destilar el dolor de la sangre que corre por mis venas.
Es realmente falso. Sé que cuando pasen 365 días, y vuelva a ser 31 de diciembre, con todo lo que eso conlleva (uvas atragantadas, sonrisas fingidas, abrazos fríos...), me daré cuenta de que no he cumplido ninguno de los propósitos impuesto.
Y me reiré. Si, pretendo reírme como una loca, como una imbécil.
Aunque en el fondo de mi ser, albergará un sentimiento adormecido por el alcohol y las pastillas.
El sentimiento de que soy una inútil.
Y vuelta a empezar.



Mis propósitos, recogidos en esta imagen: 

1. Buscar el sol, y si no lo hay, aprender a bailar bajo la lluvia. 
2. Mejorar el blog. y mucho. 
2. Conocer gente genial
4. Viajar a sitios especiales. 
5. Escribir una novela completa y publicarla. 
6. Leer mucho, mucho, mucho. 



viernes, 2 de enero de 2015

Dos gatos que se arañan

"Suspiro tras suspiro y copa tras copa, voy tratando de olvidarte, mientras tú me quitas el penúltimo aliento de mi débil boca.
El olor a tu perfume todavía me persigue, impregnado en mi ropa.
Los restos de un fuego apasionado grabados en mi memoria,
los besos y abrazos fugaces de nuestra historia.
El hito y mito de nuestro comienzo, de esta brillante oda.
Sigo atrapada en las cárceles de tus dedos, que acariciaban mi frente sudorosa,
tus ojos que encontraban a los míos, feroces y cabezotas.
Nosotros, que en un ardor apasionado nos dejábamos llevar por las notas,
por los filos salvajes y sangrientos que pasión denotan.
No comprendíamos qué éramos,
entendíamos que éramos seres marcados por la derrota
de tus manos solitarias,
del ruido del tacón desgastado de mis botas.
Jugábamos a ser dos gatos que se arañan y lo notan,
que lo sienten y no les importa.
El dolor era una cárcel. Una prisión caprichosa
enamorada del viento y de sus rezagadas hojas,
y del destino y de sus bromas.
De cómo mis labios estando separados de tu tez no te perdonan
el amargo placer que los recuerdos en ti evocan.
Porque sé que hay algo que todavía en tu pecho brota,
que halla sentimiento en esa especie de roca.
Porque te extraño, aunque sé que te ríes y te mofas
de que eche de menos tu extrañeza, de reírte de todo y de tus besos, la forma.
Aunque, me figuro que, de aquellas escarchadas gotas
que veíamos caer, temblorosas,
yo recuerdo cada detalle y tú, vagamente, las cosas."


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Para mi musa III

Alicia en el país de las maravillas era nuestra película. Cada noche de sábado, frente a la la luz tenue del televisor, se nos planteaba la duda de tomar un sorbo de ese elixir que rezaba "Bébeme" y que te haría muy pequeño, o de ese otro que te haría tremendamente grande.
Me abrazabas al tiempo que susurrabas "Sea cual sea nuestra decisión, será juntos". 
Luego, al amanecer, recitabas fragmentos de la película en mi oído, hasta sacarme una sonrisa.

                          "No estoy loco, mi realidad es diferente a la tuya"   




Hoy es sábado, la luna saluda desde su lugar en lo alto del cielo. Y, tengo miedo. El manto de la noche cae sobre mis hombros como un peso muerto. Y me acecha el terrible temor de no oír tus susurros, aunque sea en sueños. Porque, sin tu voz dulce y acaramela, suave como terciopelo, acariciando mis oídos, el sentido pierdo. 

Y ahora, en esta medianoche oscura, despierta me hallo, el cuaderno abierto en mi regazo, garabateando en sus hojas nuestros recuerdos. Como un Picasso, sin ton ni son, como abstracto. 
Miro al cielo, y casi confundo las estrellas con tus ojos. Pero, la media luna, me recuerda que ahí estás tú, descansando en su perfil, acurrucado en su luz. Curioso que desde que te has ido todas las lunas son así, como si estuviera de luto, y una parte de ella se hubiera ido también. 

Parece mentira, que pese a este tremendo dolor presionando en mi pecho el mundo sigue girando, como una bailarina. 

Y yo, como una bailarina mareada de tanta pirueta, descansaré en el pozo de lágrimas, esperando que del agua salada que riega brote tu alma y abrace la mía.  


lunes, 29 de diciembre de 2014

Sinsentido infantil

Miré con recelo los juguetes en mi estantería. El sol entraba por la ventana, el frío aire del invierno penetraba súbitamente en la estancia.
Una brisa gélida recorrió mi cuerpo.
Supe que no era el viento mas, algo en mí, no me permitió reconocerlo.
La melodía de la radio encendida aletargaba mis párpados, al son del arrullar del río, del chisporroteo de la chimenea.
Me eché sobre la cama, mirando al techo.
Recordaba aquel lugar. Siempre que tenía dudas acudía allí, la pintura blanca de aquella habitación siempre me ayudaba a encontrar mi paz.

Me quedé dormida y tuve un sueño. Soñaba que estaba soñando que vivía en un sueño. Y ahí estaba mi infancia guardada en secreto. Y allí guardaba la llave para abrir mi deseo.

Desperté confundida, con miles de ojos a mi alrededor. Eché una ojeada a la habitación. Recuerdos y más recuerdos, del amor y el desamor. Una vida vivida en alegría, desánimo y pavor. Una felicidad que un día, sin previo aviso, sus puertas cerró.
Una lágrima despistada asomó a ver si podía salir al exterior.
Eché mis manos al rostro para alcanzar mi entendimiento.
Sabía que estaba llorando pero no sabía la razón, lloraba sin consentimiento.

Me acerqué a la estantería y alargué la mano. Al rozar aquellas fotografías enmarcadas en mi memoria, aquellos muñecos, juguetes, peluches; trozos de tela, plástico y madera para muchos, pude sentir un revoloteo de sensaciones en mi interior. Una jaula que se abría para dar paso a una sensación de fulgor.
Las lágrimas no cesaban pero, esta vez, no eran sino lágrimas de alegría.

Sí. Abandonaba a mi infancia a pasos agigantados. Pero mi pequeño corazón, por muy crueles decisiones que los dedos miserables que dan cuerda al reloj cometan, siempre tendrá ese destello de locura infantil, de desvergonzada alma, de llanto fácil, de fuerza sobrehumana, de superheroína y villana, de noches de abrazos y noches de estrellas. Ese brillo en la mirada al ver el sol, al ver una sonrisa.
Podré crecer pero siempre seré una niña.