lunes, 1 de diciembre de 2014

El reloj implacable del tiempo

La página de su cuaderno permanecía pegada a su mesa; como si alguna fuerza extraña, en su simpleza, la mantuviera presa.
No entendía bien por qué continuaba allí sentada, pero allí seguía. Implacable al tiempo, al viento, al reloj de arena que avanzaba lento.
Ella perduraba. Sin percibir la tempestad de las horas. ¿Cuántos segundos habrían transcurrido?
Ni siquiera se lo preguntaba, había aprendido que la mayor enemistad del hombre es el testigo, quizás por su inconsciencia y mi omnipresencia. Por su desconocimiento del presente... sus dudas seguían latentes.
Al centellear del alba su cabello tornaba naranja, como un resplandor tostado del cielo.
Y, una noche más, comenzó a contar las estrellas del firmamento.
Sin poder conciliar el sueño, se dijo:
-Estúpida mente la mía, ¿por qué mi alma de hierro, anclada a este pedestal continúa aquí sin poder volar?
La tortura continuaba y en su digno enloquecimiento se volvió a preguntar por qué las estatuas tenían pensamiento.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Slay

Salí de casa.
El abrigo no bastaba para proteger mis debilitados huesos del frío. Sirviendo de mínima barrera, de frágil escudo sostenido con los finos hilos de mi conciencia.
No sabía por qué, pero la tos se me había pasado con el portazo. Como si hubiera dejado mis fuerzas tras el umbral. Mis gritos, mis lágrimas, todo.
Me había desnudado y no sabía por qué. Mi había dejado acariciar y no sabía a quién le cedía aquel privilegio.
Quizás en el fondo sospechaba de sus constantes visitas al espejo, salidas a la farmacia y frecuentes sonrisas en su cuello.
Fui tan inocente, que me dejé perder en sus manos; cuando sentados sobre el lecho me mirabas y yo, vulnerable, le susurraba "Dime dónde está el sol".
Me contestaba que en mis ojos. Entonces me besaba con la dulzura con la que sutilmente mentía bajo las sábanas.
Solamente buscaba cobijo, un corazón latente que me pudiera albergar.

Pasaban los días, las tardes y las noches en vela, soñando despiertos.
En mi corazón sentía que lo quería y, cada vez que su piel rozaba la mía, se afianzaba.

Un día desperté y su calor se había esfumado. Sin darme explicaciones para entenderlo dijo que lo había cansado. Me acerqué, y al aproximarme lo sentí cada vez más distante que la primera vez. Le tendí mi mano pero se evaporó.
Y con el tiempo que me había dejado para pensar, comprendí por fin su toxicidad. Como si, de pronto, su veneno hiciera efecto en mi mente.
En sus ojos solo encontraba los míos. Como si el sentimiento que en ellos llevaba hubiera desaparecido; olvidando por completo mi olor y mi pasión. Como dos niños jugando a quererse.
Me gritó. Me dolió.
Y lo demás fue indescriptible, porque me apuñalaba poco a poco... haciendo que me sintiera indefensa, encerrada en mi locura.
Caminaba despacio. No había prisa por llegar a ninguna parte. El frío se apoderaba de mí. Ni siquiere hacía un esfuerzo por mantenerme despierta, como si siguiera creyendo que volvería a casa. Como si aquello no importase.
La mayor extrañeza llegó cuando me di cuenta de que caminaba encima de mi propia sangre.

Me desperté al escuchar mis gritos de dolor.

sábado, 29 de noviembre de 2014

La madre naturaleza.



Talk- Kodaline, a un volumen medio.


Escribir...crear nuestro propio mundo, esconder la realidad y refugiarnos en nuestro particular e insólito universo. Las personas que allí habitará, -nuestros hijos, nuestras creaciones- serán tal cual hubieras deseado que fueran las del mundo real.

Escribir es como magia, es crear algo de la nada contradiciendo las leyes físicas. Es sentirnos propietarios del rumbo de muchas vidas, y hacer lo que siempre hubiéramos querido hacer con la nuestra.

Escribir es escupir sentimientos sobre un cuadro en blanco, descargar la furia que nos habita, desgarrar una tela para tejer otra mejor. Y aunque sientes que no vale nada, puedes creerte un mago, un pintor, un tejedor, un dios. La madre naturaleza.

Tu decides. Tu eres el único que tiene ese poder. Haz de tus personajes lo que harías de ti mismo si tuvieras la oportunidad.

Dales alas y enséñales a volar; ellos harán el resto.




"Sometimes writing is running downhill, your fingers jerking behind you on the keyboard the way your legs do when they can’t quite keep up with gravity.” 

martes, 25 de noviembre de 2014

Smother










"I'm wasted, losing time I'm a foolish, fragile spine I want all that is not mine I want him but we're not right" 

Agazapada entre sentimientos de culpabilidad y suspiros desesperados.
Hundida en una taza de café en proceso de enfriarse y tal sola como un par de restos en un cenicero.Llueve, y la lluvia en este momento es la mejor frase que pueden decir para hacer mis lágrimas cesar. Lloro de impotencia. Siento que te estoy perdiendo el pulso contra mi soledad. Acabará por convertirme en una presa del destino.
Y en mi cabeza se repite un mantra, una frase ("nos dieron libertad tras habernos quitado las alas e inventaron la gravedad para no dejarnos escapar"), la cita era mía. La idea de muchos. De demasiados.
La espiral me absorbe. El hoyo negro de está tragando y lo peor es que han conseguido que mis pensamientos se queden fuera, flotando en el universo.
Para convertirme en un robot. ¿Porque eso es lo que quieren, manejarme?
    Agazapada entre sentimientos de culpabilidad y suspiros desesperados. Agazapada también en la         certeza de que la razón será lo último que me quitará.

I sometimes wish I'd stayed inside 
My mother 





lunes, 17 de noviembre de 2014

Estupidez

Podría decirte que te extraño, que te echo de menos, que lamento tu ida, tu venida, tu existencia lejos de mí, que lloro por ahogar gritos desesperados que me corroen. Podría decirte que te quiero, que te amo, que en ocasiones te miro, te espero, te obligo, que la mitad de mi alma es para ti.
Podría esculcarte en silencio, esculpirte en mi cerebro, memorizar tus lunares, recorrer tu piel con mis manos, aprender cómo es tu tacto.
Pero es tan fácil perderte también, olvidarte. Tan sencillo sería no sonreírte, dejar de observarte, evitar cantarte al oído, no pensar en ti cada minuto, que dejaras de convertirte en mi motivo para respirar. Tan simple, tan  simple...
Me gustaría decirte, susurrando, que espero que entiendas que mis latidos se acompasan a los tuyos, mi tiempo es tu tiempo y mi vida eres tú. La mañana, la mirada, la tarde, la nostalgia, tu voz, tu risa, tu respiración, tus ojos, tu tez, tu espíritu, tu presencia, la noche, la tristeza, la escapada en sueños para reconocerte.
Podrías darte cuenta de que es solo un trozo de un relato, de un poco más de mí. Quizás no tiene mayor importancia que otra historia de amor sin terminar. Porque nuestra tragedia fue un sainete, una carcajada que sale siempre de tus labios.
Porque cuando creo que puedo alcanzarte, sales huyendo de mí. Y puede que nunca haya sido más para ti que otra mota de polvo debajo de tu cama. Pero mi inexistencia sigue siempre latente.

Y te pido perdón por hacerte perder el tiempo con otro sentimiento que ha roto tu distancia.