domingo, 27 de abril de 2014

¿Por que? Porque fui presa de una mentira.

Me preguntaste por enésima vez que era lo que me había cambiado.
No supe contestar.
Sabía la respuesta.
Pero no me atrevía a hablar.
Era difícil decir,
que aquella no existió,
que la persona a la que quisiste,
esa jamás fui yo.
¿Y porque fingía ser otra,
si yo valía demasiado?
La respuesta esta en la luna
que tanto me ha influenciado.
Ella puede mover mareas,
anunciar que entra la noche,
hace salir a las estrellas,
que lo hacen sin reproche.
Pues ella siempre me decía,
cambia tu forma de ser,
si abandonas tu cordura,
jamás podrás crecer.
Como una loca, que lo era,
me fui acercando a su piel,
amarrando mis deseos,
en su dulce amor de miel.
Y por ello hice locuras,
rompí los lazos de mi alma,
Empecé a ser alguien,
a quien ni un cielo azul le salva.

¿Como es que me di cuenta?
Acudí a tus llamadas,
cuando decías a voz de grito mi nombre,
sin resentimiento apenas.

Quisiera ser una vividora,
la bebedora compulsiva del elixir de la felicidad.

"-Debes continuar con tu vida.
-Pero es que tu eres mi vida ahora.
-No.
-Tienes razón; mi vida es demasiado imperfecta como para compararla contigo. 
No dijo nada más, simplemente sonrió tristemente y bajo la mirada. "


Y todo esto ahora ¿por que? Porque fui presa de una mentira, y obtuve la libertad de simples fantasías. 

sábado, 26 de abril de 2014

Aquella que no buscaba ser princesa


Eras la luz del extrarradio. La que a la vida llevaba demasiado deprisa. Buscabas vivir como nadie y morir como ninguna otra. Hallabas en todo la oportunidad para golpear tu pecho y gritar quién reamente eras. Y enamorarte, como nadie antes lo había hecho... querías vivir la vida de la propia existencia, una metamorfosis limpia y perfecta... en la que no te recrearas en ti, ni llegabas a destruirte. Simplemente transformarte.

Era tu éxtasis. Tu más pura adicción de su interminable lista dentro de tus venas. Aquella de las miradas a distancia que buscabas por las esquinas, aquellos días en los que buscabas la atención de las calles. Eran tu más cara obsesión, aquella que más te costó alcanzar.

Con tu apariencia elegante, tus andares que rendían sonrisas a tus pies. Aquellas miradas de amargura que distribuías en la cuidad, aquellos ojos que solo tú sabías poner. Aquellos que te hacían confesar verdades inconfesables, aquellos ojos que llegaban a enamorar. Pero solo en exceso.

Era excesivo el control que ejercías sobre aquellos que creían tener el poder. Eras la más infalibles de las justicieras. Todos, deseando llegar a conocer el secreto de tu seducción, llegaban a cometer auténticas locuras con llegar a estar en algún ángulo de tu observación. Jugabas a ser una diosa, jugabas con el control del poder que obtenías, jugabas a ser la mejor jugadora, jugabas y acabaste perdiendo.

Perdiéndote en tu propio laberinto que con tus mentiras llegaste a levantar.

Y dejaste de ser aquella chica que con canciones se inspiraba, aquella de la melena teñida de color. Aquella de la sonrisa pintada en la cara. Aquella del tatuaje de un corazón. Aquella que no buscaba ser princesa, porque había erguido su propio reino en sus sueños. Esa chica que hablaba de la música como ausencia de una misma, la que la tristeza guardaba bajo llave y enterraba en el jardín de su palacio. Esa chica que acompañaba de dulzura tus tardes, tus mañanas y tus días. La de los ojos de niña. Ese espíritu libre y cautivo, alma rebelde, corazón sumiso, ser revolucionario.

Torbellino de emociones, tu  presencia. Hacías que siguiéramos creyendo en el cambio. "Si hay un futuro lo queremos ahora. Hay un tiempo y lugar para morir", decías, buscando inspiración en una de tus melodías favoritas. Porque tú eras simplemente una canción, esa que estabas todo el día tarareando porque no había quien de tu cabeza quisiera sacarla, ni intentarlo, siquiera.

Porque tu simple recuerdo vive enterrado en lo más profundo de mi mente más privada, en el lugar más recóndito de mis pensamientos. Eras la única excepción que se salía de la regla. Vives anclada a mi existencia, como si tus suspiros todavía fueran tangibles. Porque no permitiré que tu ser sea nunca olvidado por el mundo.

Simplemente no pertenecías a este mundo, y esa fue la causa de tu huida y tu éxito. Moriste como nadie lo había hecho, decidiste tu momento y lugar. Porque rozabas los límites de la propia locura por alcanzar la perfección absoluta. Tu demencia te había robado poco a poco tus respiraciones. Necesitabas una prueba de que nada de esto era un sueño.

Y fue cuando descubrimos la razón de tu poder, esa que se definía en la sencillez con la que afirmabas dormir con unas gotas de Channel Nº5. 
 
 

viernes, 25 de abril de 2014

Vuelve a mí

Vuelve, eres la más dulce de las palabras,
una caricia al alma,
no hace falta que me des tu sonrisa,
dame esa agonía tuya,
dame tus problemas y me conformo.
Sé que me falta una persona,
por ello me sobra todo el mundo.
Te pido que vuelvas,
que no rompas nuestra cuerda,
desde que no estás...
me alimento de esperanzas,
nutriendo mi tristeza de mentiras.
Son suspiros retenidos,
los que empañaron tus ventanas,
¿y ahora ya no me ves?
¿estás por odio cegada...?
Y es que sencillamente te fuiste,
desvaneciendo tu persona con el viento,
ahora se que en común,
solo quedan los recuerdos.
Ven. Demuestra que estás viva,
porque pareces un cuerpo sin alma,
un hogar sin más que fachada,
sin  fuego ni hielo,
solamente meros versos,
pintadas descontinuas,
intentando definir el paisaje de tu alma,
la obra de arte de tu personalidad,
tapada por la rabia,
por la manta de la inseguridad,
y las miradas falsas.
Escondida bajo el telón del "que dirán...",
reteniendo lo mejor y lo peor.
Pero ¿sabes? a mí me da igual,
no temas.
Si me das tus defectos yo con ellos me conformo. 

Entonces, ¿vuelves? Recuerda; no tienes por qué, no soy ningún buen motivo, pero para mí no existen imperfecciones en tu alma. Ojalá todos estuvieran hechos con el mismo patrón que tu, no habría guerras, y apenas problemas. Pero no, pensándolo mejor; lo más bonito de ti es que eres única. No cambies. 



jueves, 24 de abril de 2014

Another love song



¿Frustración? La mayor de ellas. De las vidas la mía la peor. De los amores el más trágico el mío. ¿Culpables? Solamente yo.

Sigiloso atacante, bandido ladrón, sin quererlo, sin percatarme, robaste mi corazón. Y es que cuando pienso en ti todo suena a rima, todo es bello, todo es melodía. La mejor voz, la tuya, llamándome por mi nombre, descubriendo tus ojos en lo desconocido, teniéndote tan cerca.

Querré seguir negando lo evidente, pero lo evidente es impensable.

Me parece que mi nombre queda hermoso entre tus labios, que me gusta la forma en la que me miras y que cuando me hables yo me quede callada, sin saber qué lenguaje usar, más que el de la mirada de enamorada. Ese lenguaje que transpiro.

Sin, embargo, tan desdichado es el tiempo, que los recuerdos quedan, mientras yo sigo contemplándote. Y tú sin querer evitarlo, me encandilas cada día más. No queriendo tener nada más que mi rostro entre tus manos. Procurando caminar pisando las fronteras de la imaginación. Mas, ¿cumplir mis deseos? No, no hay valor.

Esa falta de coraje, que no es más que el temor de un futuro incierto. Incomprensible y todavía invisible a los ojos de mi corazón. Cuando quiero darme cuenta, estoy soñando contigo, hasta terminar creyéndome mis propias fantasías. Me obligo a negarlo. Dos veces. No.

No sé qué me impide traspasar las barreras del tiempo. Creo que es la cierta posibilidad de hacer cumplir lo que realmente quiero. Paradoja extraña, ¿no es cierto? Que yo por querer, quiero un mundo, mas solamente a tu lado lo quiero. Pero, es curioso que a la vez, sienta reparo en verte aquí, a mi lado.

Y otra vez ya estoy, en mis fantasías, soñando. Y es que vivo así, contigo en mis pensamientos. Donde tus abrazos son nada más que un suspiro, donde tus besos son nada más que mi sustento. Donde las frases que pronuncias, son lágrimas en el viento, donde mi vida y la tuya, son simplemente un sueño.

Llego a este punto y escribiendo, me atrevo a preguntarme, ¿será amor, realmente lo que siento? Supongo que lo será, pero solamente si amarte significa tenerte en mi mente cada segundo desde que el sol despierta, hasta que sus últimos rayos son simples segundos más. Sólo si significa que me acompañes en los más hermosos de mis sueños, si significa que te observo e intento leerte, mas no puedo. Si mi mirada siempre te encuentra, aunque los problemas de la vida quieran que la tuya no me encuentre a mí. Si amarte significa no llegar a comprender la complicidad de todo lo que siento por dentro cuando te miro. Entonces sí, te amo y no me avergüenzo de ello.

Una última cosa por aclarar, antes de dar por terminado este encuentro entre yo misma y las verbas que escribo. Decreto que yo, a día de hoy, vivo no por más que tu simple presencia.

Quiero poder tener la oportunidad de llegar a tenerte. Esa es mi mayor frustración. Pues nunca me había sentido no correspondida, en cuanto a amor se refiere. Y no, sé que puedes llegar a pensar que quiero que me quieras por el hecho de tener y de dominar. Pero no. No podría ser libre así. Quiero que me quieras, por el simple hecho de que cuando me mires sientas tanto amor que no puedas contenerte, quiero que me quieras libremente, porque así lo ordena tu corazón, quiero que llegues a entender lo que yo siento cuando me hablas, quiero ser el mejor de tus sueños, quiero que me quieras por amor.

 No te pido mucho, no quiero que me agasajes, no quiero sueños comprados con dinero, no quiero cosas materiales, nada que pueda romper tirándolo al suelo.

Tan sólo quiero que me quieras. 
 
 

martes, 22 de abril de 2014

Y susurré tu nombre


Entonces, desmoronándome en lágrimas, destrozando mi garganta en aullidos de dolor, me dejé caer en el lugar más remoto existente sobre la faz de los sueños. Desgarrándoseme el alma, afligida por el horror de ver mis últimas horas contadas en el minutero del reloj.

Caminando en la bahía de los corazones desgastados, dejando llorar en vida gritos desesperados, y dejaba aflorar mi ira, mis bienes más preciados, el tiempo se paga con vidas. Pues quién no sabe que tira al mar una flor, quién no conoce el daño que una vez impartió... sobre todas las cosas, duele ver con sentimiento la sangre emanar a través de la piel, la sangre que con el viento se oxida... al igual que del tren la vía, cuando afectada por los años se vio.

No hay puñal más afilado que el de quién realmente quiere morder tu corazón desgastado. Y nunca quise huir de todo, sabiendo lo que me condenaba, la bala de plata que me arrojabas, la daga de mis heridas... la mejor de las cartas de tu baraja perdida.

Y desangrando mi vida en los últimos instantes, una ilusión se posó delante. Una delicada mariposa negra, que orgullosa veía revolotear, cuando el futuro que corría por mis venas no mucho más podía aguantar. Vi, en aquel momento, cada instante renacer, cada rincón del lugar, cada gota de lluvia yacer. Y todo se tornó confuso y emborronado, borroso, frío, apagado, la oscuridad me consumía y yo simplemente mi mano erguía en busca de felicidad.

Entonces comenzó el dolor su incesante baile de nuevo, comenzaron viejas heridas a aflorar, cuando quise darme cuenta después de intentar olvidar. Y me desorienté. No sabía muy bien mi nombre, solo importaba en quién realmente me había convertido después de tanto y tanto dolor recibido. En aquellos momentos en los que pensaba en quererte.

Y entonces me di cuenta de que es mi propio grito desesperado el que me ahoga con sus manos, de que es el frío viento de un futuro incierto sin distinguir en la lejanía, de que es la angustia de un sueño perdiéndose en la penumbra. Eso es a lo que la vida mía atormenta y a la sonrisa ahuyente mientras el alma llora, llora desconsolada sin más abrazo posible que el de un anhelo... el anhelo de escuchar tu risa. Y quién pudiera reconocerte en mis falos sueños, en la más falsa realidad imaginativa que a mi cuerpo sustenta.

Y mientras el dolor me iba consumiendo como se consume una vela, mi alma iba atormentándose en pecados, y los gritos de mi espíritu... esos gritos que en mi cabeza resonaban, haciéndome cumplir la más terrorífica de las muertes.

Y comencé, poco a poco, a desangrarme. Veía mi vida correr, formando arroyos de impotencia, pequeños ríos de amargura en los que no cabía más agua que la de mis propias lágrimas que tornaban en fríos trozos de hielo cuando tu recuerdo veía aparecer. Y mi propia sangre se heló cuando sentí a tan siniestra presencia venir a buscarme, cuando comencé a sentir la luz acercándose hacia mí. Buscando en lo desconocido estaba, y nunca llegué a encontrarte. Ni siquiera cuando con mi último suspiro en vida, susurré tu nombre.