Pensé en mi propio bienestar. Aseguré mi propio futuro. MI PROPIA FELICIDAD. Siento ser tan cruel. Siento no haber cumplido con las promesas del destino.


Puede que en alguno de estos
momentos, sí que te haya tocado vivir, o más bien dejar de existir soñando,
quizás te hayan ayudado a abrir los ojos de una vez por todas. Quizás te hayan
ayudado a comprender que no todo es tan maravilloso como así lo pintan, que
quizás las cosas nunca cambien, que es probable que te cuenten una mentira en
cuanto dejas de prestar atención a lo que te rodea.
Sin embargo, el estar tan cerca
de dejar de latir en algunas ocasiones, puede que te haya servido para invitar
a las lágrimas asomarse en tus ojos tras evocar un recuerdo, un pensamiento, un
olor, un sabor, un amor perdido, el destello de algo que nunca sucedió. Y sí,
puede que eso solo sea un simple recuerdo, un simple recuerdo que es la esencia
que te ha ayudado a continuar con vida, ese instante que perdiste a punto de
morir.Y que decir de aquellos días, creo que ya está todo dicho. Largas noches estrelladas, tardes sin fin bajo un cielo colorido.
Olores a pino, a hierba mojada por el rocío. Sentidas palabras abrazos amigos.
Senderos que llevan al cielo. Arcoiris de caramelo, dulces nubes de azúcar. Pinturas que imitan vagamente una playa lejana.
Diarios que encierran sabias palabras. Cosas simples que afloran sentimientos. Fotos antiguas de una faz desconocida, pintadas en sepia, desgastadas.
Recuerdos. Tantos hay. Tantos se olvidan. Agujas de un reloj que corren sin miedo a caerse. Cosas. Mágicas y simples. Sencillas y tan difíciles.
Y que decir...
Que el mundo gira sin más. Que los corazones laten sin parar. Que el tiempo no se detiene. Que pasan segundos y años.
Pero también decir que nada he olvidado.
Fin♡
Porque tomar aire no tiene el
mismo significado. Pues no puede ser junto a tu rostro. Morir de amor es
posible, cuando el aliento que exhalas son palabras perdidas. Palabras que ya
tienen dueño.
"Notar el sudor resbalar por
la piel, pequeñas gotas de esperanza que se evaporan con el aire, con nuestros
suspiros de pavor, con nuestros anhelos de desaparecer. Sentir la respiración
agitarse en lo más profundo de nuestro ser, intentar calmarla, mas no poder. Y
no sentir nada más que la simpleza del propio pavor. Y continuar sintiendo cómo
la tensión que se forma hace un nudo en la garganta, interrumpiendo el paso de
las palabras que quieres que salgan de tu boca y que se liberen, retirando así
las cuerdas que te atan al temor.
Pero sin duda, el mayor miedo, es
aquel de la decepción. No solo de sentirla, sino de convertirse en el semblante
de la duda, de la discordia, de la impotencia y culpabilidad. Ser la sombra
intranquila que llega a una vida, ser aquella que nunca en tu mundo debió
aparecer, ser el motivo de tu arrepentimiento. Ser aquella a la que nunca
debiste conocer.